El gobierno de Donald Trump tenía previsto enviar a Brasilia a dos altos funcionarios del Departamento de Estado con el objetivo de cuestionar la confiabilidad del sistema de voto electrónico brasileño, cuando se lanzó de lleno la campaña para las elecciones presidenciales del 4 de octubre. Pero el Ejecutivo de Luiz Inácio Lula da Silva les negó las visas y no podrán entrar al país.
La cancillería de Brasil negó las solicitudes de visado presentadas por los diplomáticos Riley M. Barnes, secretario adjunto, y Samuel Samson, subsecretario adjunto del Departamento de Estado de los Estados Unidos, informó el sitio de noticias G1, de la red Globo, este sábado.
En un artículo publicado por The Washington Post, se mencionó a ambos como responsables de una estrategia para cuestionar la integridad y la fiabilidad del sistema electoral brasileño.
El viaje estaba programado para unas semanas antes de las elecciones presidenciales del país, previstas para el 4 de octubre. Según la información obtenida por G1, el gobierno brasileño fue informado de la naturaleza “inusual” de la misión de los dos funcionarios y decidió denegarles las visas.
Según fuentes diplomáticas, Brasil tiene la tradición de recibir observadores internacionales durante las elecciones, pero se considera que los estadounidenses no eran observadores; de hecho, tenían “otro papel”.
Según The Washington Post, los funcionarios estadounidenses tenían previsto reunirse con referentes críticos del sistema de urnas electrónicas y recopilar información para elaborar un informe destinado a poner en duda la fiabilidad del mecanismo de votación utilizado en Brasil. Justamente, el candidato opositor Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, es uno de los críticos del sistema de urnas electrónicas, igual que su padre.
La solicitud de los funcionarios del Departamento de Estado fue presentada poco después de que el senador y candidato presidencial Flávio Bolsonaro afirmara sin presentar pruebas que las urnas electrónicas brasileñas fueron fabricadas por la empresa venezolana Smartmatic, durante una reunión con representantes de cerca de 40 países celebrada esta semana en Brasilia.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) desmintió esa afirmación y aseguró que esa empresa nunca suministró urnas electrónicas ni programas utilizados en el sistema electoral brasileño.
La reunión se produjo bajo la sombra del antecedente sentado por el padre del senador cuatro años atrás.
El 18 de julio de 2022, el entonces presidente Jair Bolsonaro -hoy preso por golpismo- utilizó la residencia oficial del Palacio de la Alvorada y los medios de comunicación del Estado para convocar a decenas de embajadores extranjeros. En esa cita, Bolsonaro atacó la seguridad del voto electrónico y sembró sospechas de fraude.
Aquel episodio tuvo severas consecuencias judiciales: en junio de 2023, el TSE condenó a Jair Bolsonaro por abuso de poder político y uso indebido de los medios públicos, y lo declaró inelegible hasta 2030.
El gobierno de Lula da Silva considera la iniciativa como un intento de interferencia en el proceso electoral y aseguró que actuará para impedir cualquier efecto sobre los comicios. Dos altos diplomáticos brasileños calificaron la misión como “completamente incompatible con la democracia brasileña” y afirmaron que el Ejecutivo protegerá la integridad del proceso.
El Departamento de Estado confirmó el viaje de los funcionarios, pero evitó responder sobre el objetivo de la misión o sobre eventuales cuestionamientos a la integridad del sistema electoral brasileño.
La iniciativa se produce en un contexto de creciente tensión entre Washington y Brasilia, marcado por los recientes aranceles impuestos por Estados Unidos a productos brasileños y por el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro por el presunto intento de impedir la asunción de Lula tras las elecciones de 2022.
La campaña electoral en Brasil está dominada por la polarización, las disputas sobre la transparencia del proceso electoral y las investigaciones judiciales que mantienen inhabilitado políticamente a Jair Bolsonaro, mientras el sistema de voto electrónico continúa siendo respaldado por el TSE y por observadores internacionales, que hasta ahora no han detectado evidencias de fraude en los comicios.
