Pasaron poco más de 20 años, cuatro juicios y nueve condenados. Más de 10 detenidos por falso testimonio y 38 imputados por mentir. Una sospecha que nadie escuchó y un caso que se convirtió en emblema en Tucumán. Todo eso detrás del crimen de Paulina Lebbos (23), que está a un paso de la justicia o la impunidad.
Este miércoles 6 de mayo termina el juicio que tiene a César Soto (44) en el banquillo de los acusados y los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica deberán decidir sobre el futuro de la ex pareja y padre de la única hija de la joven estudiante de Comunicación.
Alberto Lebbos (71), padre de la víctima, repitió en sus últimas palabras antes de los alegatos “Justicia, justicia, justicia”, como si eligiera una palabra para cada uno de los jueces. Ya no es el mismo que hace 20 años organizó la primera marcha de silencio frente a la gobernación denunciando las maniobras de encubrimiento en medio de la investigación por el crimen de su hija. Ya no es solamente un papá que pide por su hija: es también la cara visible de la lucha contra la impunidad en Tucumán.
“No queremos venganza, queremos -y hablo en plural porque hablo en nombre de toda mi familia, de mi esposa y de mi hija Marisa, que falleció de un cáncer a causa de todo esto-, que se haga realmente justicia, que se termine esta historia de impunidad”, pidió el hombre, al que por primera vez se lo vio llorar en los tribunales de San Miguel de Tucumán cuando tuvo que declarar como testigo.
“Lo único que pido es que se haga justicia, que se vea con la razón, con el corazón, con el sentimiento y con el alma, todas las pruebas que hay. Que se haga justicia, justicia para Paulina y justicia para todas las victimas de la impunidad de Tucumán y del país”, exigió Lebbos.
En la audiencia del miércoles se llevarán a cabo las réplicas de las partes a los alegatos, las últimas palabras de los acusados y la decisión del tribunal.
El lunes pasado, el fiscal Carlos Sale, tras un duro alegato, pidió que Soto sea condenado a prisión perpetua por homicidio agravado por la alevosía. Consideró que el acusado mató a Paulina por estrangulamiento manual la madrugada del 26 de febrero de 2006. Los principales argumentos de Sale fueron el contexto de consumo del imputado y los antecedentes de violencia contra las mujeres referidos por los testigos.
La hipótesis de “los hijos del poder” fue descartada en esta instancia del proceso luego de que el fiscal desistió de la acusación contra Sergio Kaleñuk, el hijo del ex secretario privado de José Alperovich, al considerar que no existen elementos suficientes para vincularlo el con el homicidio o el posterior descarte del cuerpo. Había llegado imputado como coautor del crimen de Paulina.
Por su parte, Soto declaró ser inocente y delegó su representación en el defensor oficial Roque Araujo, quien durante su alegato calificó la acusación como “carente de sustento técnico y lógico”. Fundó su argumento en la decisión de Sale de no acusar a Kaleñuk y cuestionó: “¿Si Soto no tiene vinculación con la política, quién hizo todo esto para encubrir a un sanguchero?”.
César Soto (44) llegó a juicio por primera vez después de 20 años. La familia Lebbos lo señaló desde el principio.A su turno, Patricio Char y Candela Álamo, los defensores de Kaleñuk, alegaron en la misma línea y dijeron que se expuso a su defendido a “un juicio sin pruebas”.
“Es un crimen que cambió la provincia, pero eso no vale a la hora de arruinarle la vida a una persona”, advirtieron.
El derrotero judicial
El 26 de febrero de 2006 Paulina fue a bailar con Virginia Mercado, la hermana de esta, Jimena; y Alejandro Aramayo. La amiga fue la última que reconoce haber visto viva a la víctima: compartieron un remís en la zona del ex Abasto, luego de ir al boliche “Gitana”, en San Miguel de Tucumán.
Después de eso, Paulina seguiría camino hacia la casa de Soto, pero nunca llegó. Estuvo desaparecida durante 13 días, la buscaron desesperadamente y, finalmente, su cuerpo fue hallado a la vera de la Ruta 341, en la zona de Tapia con graves signos de violencia.
Desde entonces la causa no halló a ningún responsable de cometer el crimen. Ya hubo tres juicios, el primero en 2013, en el que condenaron por encubrimiento a Enrique García, Manuel Yapura y Roberto Lencina, comisario y policías de Raco, respectivamente, en 2006. Para la justicia, fraguaron actas y la testimonial del baqueano que halló el cuerpo. Este juicio fue la punta del ovillo para investigar la trama de encubrimiento.
En 2018 se llevó adelante el segundo juicio que duró un año y tuvo más de 200 testigos, 32 careos y 38 imputados por falso testimonio. Al menos 12 personas se fueron esposadas de la sala de audiencias por mentir en sus declaraciones.
En ese momento, los jueces Rafael Macorito, Carlos Caramuti y Dante Ibáñez condenaron por encubrimiento a 6 años de cárcel a Eduardo di Lella, ex secretario de Seguridad de la provincia; y a Hugo Sánchez, ex jefe de la Policía de Tucumán. Además, los inhabilitaron por 10 años para ocupar cargos públicos.
Además condenaron a 5 años de prisión, también por encubrimiento, a Nicolás Barrera, ex subjefe de la Fuerza; y a Héctor Brito, ex jefe de la Unidad Regional Norte. Al primero lo inhabilitaron por nueve años para ocupar cargos públicos y al segundo, por ocho.
En tanto, Waldino Rodríguez, ex policía de Raco, recibió una pena de 3 años de cárcel condicional.
En diciembre de 2021 la Justicia de Tucumán condenó a 6 años de prisión al ex fiscal de Instrucción de la II Nominación, Carlos Albaca, por encubrimiento agravado en la investigación del crimen de Paulina.
En marzo empezó éste, el cuarto juicio por el crimen de Paulina, hubo más de 15 audiencias y 40 testigos, y ahora espera por la decisión del tribunal.
