La esperanza deformada en angustia, la expectativa en dolor y la espera en impaciencia, son parte de un cóctel que convierte a La Guaira, en la costa de Venezuela, en un hervidero. El hartazgo social después de la mayor catástrofe sufrida por los venezolanos de estos lares, tensiona el vínculo de la población con un régimen desgastado. En especial, muchos cuestionan la figura de Diosdado Cabello, mandamás tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro, además de la presidenta interina Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional.

Las autoridades han militarizado el acceso a La Guaira con miles de agentes cuando los vecinos reclaman manos para sacar cascotes de los cientos de viviendas aplastadas, donde yacen cuerpos y aún se mantiene la esperanza de encontrar gente con vida.

Clarín fue testigo en Playa Grande, un barrio de Catia La Mar -siempre dentro de La Guaira-, de cómo vecinos frenaron a un camión con maquinaria pesada. Doblegaron al conductor para que se metiera en un barrio en el que no habían removido escombros. Fue una situación tensa, con gritos, ademanes violentos y una especie de piquete.

La escena se completaba con un par de edificios en pie, pero sin paredes laterales, con los ambientes destrozados a la vista, personas durmiendo sobre colchones a la intemperie, más de 30 grados de temperatura y un olor a putrefacción insoportable.

Vigilancia y saqueos

En ese lugar, los agentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), con armas largas en sus manos y tapabocas, no se metieron. Están ahí por orden de Diosdado Cabello después de un jueves de saqueos en los pocos comercios que quedaron en pie.

Los dueños de los negocios denunciaron vandalismo. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Pero la GNB, la misma que tiene las armas largas, carece de legitimidad. Proliferan videos en las redes sociales donde se ve a los uniformados con pertenencias de los edificios caídos.

“Mira cuántos son, no están haciendo nada cuando necesitamos que nos ayuden a sacar escombros. No sabemos si hay gente viva adentro”, se queja Marta, de 45 años. Pese a la tragedia, los venezolanos consultados no se olvidan que viven en una dictadura. La mayoría pide reserva de su apellido cuando lanza una crítica.

La GNB sabe que los focos de conflicto son esporádicos, micro estallidos que por el momento no llegan a formar el caldo de cultivo de una protesta. Pero parece cuestión de tiempo.

Habitantes de La Guaira todavía buscan víctimas bajo los escombros. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

El régimen improvisó una morgue en el puerto de La Guaira. Isamar, una joven que recién salía de ese lugar habló entre lágrimas con Clarín. Señaló que hay más de 400 bolsas al sol, con cuerpos hinchados, con colores morados y amarillos, con un fuerte olor. Buscaba reconocer el cuerpo de su madre. Ningún agente del Estado la ayudó a remover los escombros del edificio de su mamá cuando quedó hecho un montículo de cascotes.

Los mismos vecinos oficiaron de voluntarios. Abrieron un agujero entre los escombros del piso nueve del edificio, en Caribe Caraballeda. Llegaron al cuarto de su madre. Debajo de la cama encontraron unos huesos.

Al salir de la morgue, mostró la foto de lo que le mostraron como restos: una remera roja con unos pocos huesos chicos que le dijeron que era de una mano.

Las autoridades han militarizado el acceso a La Guaira. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

“No nos ayudó nadie a sacarla. ¿Me tengo que resignar a despedir esto como mi mamá? Llamé a un antropólogo y le mandé la foto para que confirme, al menos, si son humanos”, le dice a Clarín.

La charla se da en la entrada al puerto-morgue. A diferencia del lunes, militarizaron la entrada, con agentes de armas largas y sus caras tapadas. Atemorizan. Se acercaron a los enviados de este diario para remarcar que no se podían sacar fotos, ni tomar videos. También pusieron lonas a las rejas para evitar las fotografías de los cuerpos acomodados al sol.

Otra vez una gran cantidad de agentes de la GNB y de distintas fuerzas aparecen abocados a tareas que, en principio, parecen menores, o que con menos personal se podrían realizar.

Muchos cadáveres están tendidos bolsas al sol. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Es una demostración de control de Diosdado Cabello. Tras la viralización de un video en el que discute con un rescatista norteamericano, las cuentas afines al régimen publicaron lo que calificaron como “versiones completas”. Se ve al ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, y secretario general del PSUV, cortar el tránsito solo para que haya silencio por la búsqueda en una posible persona con vida en unas ruinas.

Sin embargo, las patrullas pasan de a decenas, también en motos, y solo aumentan el rechazo de quienes los miran desde los montículos de hormigón y hierros.

“Las maquinarias pesadas que se ven trabajando son privadas. El Gobierno no deja que ayuden y los dueños de las máquinas las bajan igual. Quieren ayudar y nos los dejan”, remarca Yorberto (40), quien también pidió reserva de su apellido.

Bronca en Caracas

En Caracas, también crecen las críticas. Más allá del reparto de agua, viandas y la organización con baños químicos para personas que duermen en plazas, aseguran que no pasan los ingenieros.

En la capital de Venezuela, las torres de muchos barrios quedaron rajadas y necesitan revisión para que un profesional apruebe o no el reingreso de los residentes. “Ni han pasado por mi barrio y estamos viviendo igual, porque no nos queda otra”, comenta Niurka, una vecina de 30 años del barrio La Paz.

“Hay mucho agente en la autopista haciendo nada y el pueblo está aquí”, resume enojada.

Solidaridad y resiliencia en cada rincón. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Restricciones a la prensa

Esta catástrofe natural desborda a cualquier país, pero puede que más al que quiere ocultar sus políticas de la prensa. Muchos periodistas entraron sin la visa de trabajo para ejercer el oficio. Algo poco habitual en Sudamérica.

En un giro total, el régimen mandó mensajes de WhatsApp para que se difundan entre los reporteros en los que citaba para una acreditación.

Con temor, la mayoría de la prensa asistió. Tomaron fotos del pasaporte, de las credenciales de cada medio y aseguraron que pondrían micros para ir a La Guaira dos veces por día a cubrir con “total libertad”. Dos días después de esa dinámica, cancelaron las visitas. Sin embargo, este martes enviaron una nueva comunicación en la que habilitaban a la prensa a ir de Caracas a La Guaira.

Eso sí, en el mismo texto remarcaron la “ilegalidad”. “A quienes hayan ingresado al país sin visa, en el marco de la emergencia, se les tomarán los datos para tramitar una visa temporal con una vigencia estimada de entre 10 y 15 días. El ingreso al país sin visa tiene carácter excepcional y temporal, en el marco de la cobertura de la emergencia”. Asegura el régimen, ahora con el dato y las fotos de los periodistas que viajaron a cubrir la tragedia.



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