Jeff Landry, gobernador de Louisiana y enviado especial para Groenlandia del presidente estadounidense Donald Trump, estuvo este lunes en la isla ártica de soberanía danesa, se reunió con el primer ministro Jens-Frederik Nielsen y dejó claro que la Casa Blanca no ha cambiado de planes, que su objetivo sigue siendo anexionarse la isla danesa.

Landry viajó a Groenlandia con la excusa de participar en una conferencia económica que se celebra este martes y miércoles y a la que no había sido invitado. Después de reunirse con el funcionario estadounidense, el primer ministro Nielsen dijo lo que las autoridades de Groenlandia y de Dinamarca llevan diciendo desde que en diciembre pasado quedó claro que Washington buscaba la anexión de la isla: “El pueblo de Groenlandia no está en venta”.

Nielsen también dijo tras la reunión que no veía “señales de cambio” en los planes de Donald Trump. Landry había dicho que acudía a Groenlandia “para construir relaciones, escuchar, aprender y ver si hay posibilidades de ampliar la relación entre Estados Unidos, Groenlandia y Dinamarca”. Y que él había viajado a Groenlandia a pedido de Donald Trump, quien le había encargado “ir allí y hacer un montón de amigos”.

Groenlandia y Dinamarca ofrecen a Estados Unidos abrir tres bases militares que Washington cerró tras el fin de la Guerra Fría, si su preocupación es la seguridad en la región del Ártico. Los estadounidenses ya tienen en el norte de la isla la base de Thule, esencial para su estrategia contra eventuales misiles balísticos lanzados desde Rusia.

La Unión Europea respondió en enero amenazando con sanciones a Estados Unidos y varios países europeos enviaron pequeños contingentes de tropas (sumaban unas decenas) a la capital Nuuk para mostrar fuerza y disuadir a Estados Unidos si tenía la idea de que una anexión por la fuerza no conllevaría resistencia militar.

En abril se supo, gracias a informaciones difundidas por la televisión pública danesa, que esas tropas habían llevado consigo explosivos suficientes para volar las pistas de aterrizaje disponibles en la isla, así como nudos de comunicaciones para dificultar una posible invasión militar.

Porque durante semanas Dinamarca temió realmente que Estados Unidos lanzara una invasión para hacerse con la isla por la fuerza. Después llegó el ataque a Irán y Donald Trump pareció perder el interés.

Los europeos consideran que Trump argumenta amenazas de seguridad como una excusa para no hablar de su verdadero interés por la isla: la explotación de sus recursos minerales, algunos de ellos críticos para la carrera tecnológica y armamentística.

El comisario europeo responsable de partenariados internacionales, Josef Sikela, está este martes en Groenlandia participando en la misma conferencia a la que Landry se autoinvitó. Se reunirá con el primer ministro Nielsen, con comunidades indígenas y con representantes de la sociedad local. La isla tiene apenas 55.000 habitantes. No hay en la agenda de Sikela ninguna reunión con Landry, aunque este martes coinciden en la misma sala durante esa conferencia.

Groenlandia no forma parte de la Unión Europea, aunque Dinamarca sí sea Estado miembro porque en el momento de la adhesión del país al bloque se negoció así.

Sikela, en declaraciones al medio ‘La Matinal Europea’, dijo que “los habitantes de Groenlandia perciben que el Ártico se ha convertido en una de las regiones más estratégicas del mundo” y que su misión era “traducir esta realidad en acciones concretas, a través de nuevas inversiones y una estrategia ártica europea actualizada”.

Bruselas apunta sobre todo a inversiones en energías renovables, digitalización, materias primas y turismo sostenible. Washington promete dinero, pero sus promesas son por ahora sólo eso. Nielsen dijo el lunes que cualquier colaboración estará supeditada a que Estados Unidos “respete las líneas rojas de la soberanía” de Groenlandia.



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