Xi Jinping sostiene que es necesario que China “…explote el potencial de su demanda doméstica durante el resto del año y acelere el paso del gasto fiscal” para enfrentar y resolver “algunas dificultades y desafíos” de la segunda economía del mundo (US$ 18,6 billones/18% del PBI global).
El gasto del Estado ha disminuido sistemáticamente en los primeros cinco meses del año y todos los datos de la industria y del gasto público no alcanzan, aun sumados, para componer el monto del incremento del PBI (4,5% anual).
Lo único que explica esta anomalía es que las exportaciones han mostrado un alza de 27% en junio, lo que significa que la actividad económica depende cada vez más de su comercio exterior; y ante todo de su gigantesco superávit comercial que ya supera US$ 1,8 billones, de lejos el mayor del mundo, cuyo tamaño y asombroso potencial hace que esté “desindustrializando” – arrollando – el resto de los sistemas manufactureros del sistema global.
El PBI chino se construye usualmente sobre la base de la acumulación de la expansión mensual, pero lo notable es que esta vez no coinciden; y si se establece una alternativa en la que se descuentan las importaciones, entonces el saldo neto de la expansión no sería 4,7% anual sino 2% o menos. Conclusión: la segunda economía del mundo y cabeza junto a EE.UU. de la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial, hoy está creciendo a una tasa real de 2% anual o menos.
Al mismo tiempo, la economía doméstica muestra rasgos nítidos de contracción deflacionaria que se manifiesta, ante todo, por una declinación sistemática de la tasa fija de inversión, esencial para la acumulación de capital. Ha caído a 4,1% en los primeros cinco meses de 2026 comparado con el año anterior, lo que implica un debilitamiento de 1,6% en el periodo enero/abril de este año.
También el consumo individual (ventas minoristas/ retail) ha disminuido 0,6% anual en mayo, la primera vez que ésto ocurre desde diciembre de 2022, cuando se levantaron las restricciones del Covid-19.
La inversión fija directa cayó 1.7% entre enero y octubre de 2025, precedida por una disminución de 0,5% en el mes hasta llegar a septiembre.
Se trata de las 2 únicas caídas que ha experimentado la economía china en los últimos 20 años (con la exclusión del Covid-19); y esto sucede en más de 1/3 de las 31 provincias de la República Popular.
La causa fundamental de la caída de la tasa de inversión fija fue la decisión estratégica de Xi de limitar el gasto “excesivo e inútil” provocado por la súper competición desatada para proveer a la formidable máquina manufacturera exportadora con cuyos productos China está arrasando el comercio internacional, tendencia que se ha tornado absolutamente insostenible, pero que – aparentemente – es imparable.
Todo el esfuerzo de acumulación está hoy centrado en expandir la “oferta productiva de alta calidad”, en referencia directa a la gigantesca máquina manufacturera exportadora, que es el gran desequilibrio de la economía mundial y la causa real del creciente rechazo que se ha desatado en contra de China en Europa, gran parte de Asia y América Latina.
El problema del “exceso de inversión” en la industria manufacturera exportadora, acompañada de la extrema híper competencia en la economía doméstica, es que la tasa de retorno de las inversiones tiende a ser nula o negativa, esto es, profundamente deflacionaria en términos estructurales.
Esta situación no sólo es grave, sino que tiene un límite temporal de sostenibilidad, porque a medida que se agudiza tiende al colapso, con serias consecuencias económicas, sociales y también, por extensión, políticas.
De ahí el carácter imperioso y necesario de la alianza entre China y EE.UU., forjada a través del dialogo estratégico desarrollado en los últimos 8 meses por Donald Trump y Xi Jinping, porque sólo la acción común de las dos superpotencias puede acumular el poder necesario para imponerse a los intereses creados forjados en los 20 años de construcción de la imponente máquina manufacturera que ha transformado la economía mundial en la etapa post-pandemia.
De lo que se trata, en breve síntesis, es de que China de comienzo a una nueva etapa histórica, semejante por su magnitud e importancia a la de 1978 que encabezó Deng Xiaoping, cuando revirtió el sistema y lo volcó a la globalización y el capitalismo, a través de la convocatoria irrestricta de las grandes empresas transnacionales en un movimiento de apertura e integración con lo más avanzado de la época, ante todo Estados Unidos, con el que mantuvo un vínculo estratégico esencial a lo largo de 7 presidencias consecutivas, tanto demócratas como republicanos.
La alianza entre Xi y Trump es de naturaleza cualitativamente superior, porque el grado de integración está centrado hoy en el despliegue pleno de la inteligencia artificial (IA) como camino de realización de la 4° Revolución Industrial, que es la digitalización y la automatización de la totalidad de la manufactura y los servicios.
Esto es lo que está en juego entre Estados Unidos y China en este año crucial de 2026.
