Casi un siglo y medio después de haber comenzado a ponerse de pie, la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, la iglesia más alta del mundo, quedó oficialmente inaugurada con la bendición y la misa que allí celebró este miércoles el papa León XIV.

Fue el climax de su agenda de dos días en Cataluña, luego de haber estado el fin de semana en Madrid y antes de la escala final de su visita apostólica a España en las islas Canarias.

Ante los reyes de España, Felipe VI y Letizia, y del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, entre otras autoridades, el papa bendijo la cruz de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, uno de los monumentos más célebres de España, y del mundo, en el que el arquitecto Antoni Gaudí trabajó durante los últimos 43 años de su vida.

León XIV llegó a la Sagrada Familia en papamóvil, pasadas las siete y media de la tarde, y luego de haber visitado una cárcel y la abadía de Montserrat, símbolo de la identidad religiosa catalana.

Dentro de la basílica, en la que lo esperaban cuatro mil personas, el pontífice rezó ante la capilla de la Virgen del Carmen, donde está enterrado Gaudí. Dos días después de su muerte, el arquitecto catalán fue enterrado en la cripta, el primer espacio que se construyó dentro de la Sagrada Familia.

El Santo Padre celebró misa en la basílica modernista, considerada inacabada, justo un siglo después de la muerte de Gaudí, que fue un católico practicante y cuyo proceso de canonización avanza en el Vaticano, aunque no llegó a tiempo para la presencia de León XIV en Barcelona, tal como anhelaban los catalanes.

En su encuentro privado con el presidente regional de Cataluña, Salvador Illa, el papa había recibido como regalo una reproducción del acta notarial de la colocación de la primera piedra de la Sagrada Familia, de 1882. El original descansa en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Cataluña.

Gaudí proyectó 18 torres que convierten a la Sagrada Familia en el templo más alto del mundo. Sin embargo, la basílica no supera la altura del emblemático Montjuic: Gaudí no quiso que una obra humana estuviera por encima de la naturaleza misma.

15.000 piezas de cerámica

Lo primero que hizo León XIV apenas descendió del papamóvil fue alzar la mirada hacia la torre de Jesucristo, la última que, con sus 172,5 metros, se sumó a la Sagrada Familia.

“Somos las piedras vivas de esta obra que tiene a Cristo como culmen”, dijo León XIV en su homilía.

“La basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino”, agregó el papa.

“No habitamos una obra inacabada sino un templo en construcción -insistió-. Su imperfección no significa una carencia sino que expresa una promesa.”

El papa León XIV, el rey Felipe y la reina Letizia de España asisten a la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo tras la Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia durante su viaje apostólico en Barcelona, ​​España. Foto Reuters

Terminada la misa y con la fachada del Nacimiento -la única de la Sagrada Familia construida por Gaudí- como escenografía, León XIV bendijo la torre de Jesucristo.

Fue el momento en el que el lema del viaje apostólico del papa a España, “Alzad la mirada”, se volvió realidad.

La cruz que bendijo el papa está revestida de vidrio, tal como deseaba Gaudí, y de 15.000 piezas de cerámica blanca esmaltada que garantizarán su brillo, por el sol de día y por haces de luz de noche.

Eran las diez de la noche cuando la cruz de la torre, apenas bendecida por el papa, se iluminó de naranja. Frente a la fachada del Nacimiento, los miles de asistentes adentro y afuera de la Sagrada Familia alzaron unos tubos de luz que les habían entregado al llegar y que, al estar apagados, nadie comprendía bien cuál sería su función.

Fue un espectáculo de música y luz que ilumino la Sagrada Familia desde el interior y desde afuera, mientras la orquesta del Teatro Liceo de Barcelona sonaba desde el interior de la cruz apenas bendecidas.

La luz emana de la Basílica de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí, vista desde la Torre Glòries, tras la bendición de la recién terminada Torre Central de Jesucristo por el Papa León XIV en Barcelona. Foto AP

Por unos segundos, además, el cielo se iluminó con un retrato de Antoni Gaudí que giró y se inclinó ante su obra maestra.

La frase del arquitecto “Que a nadie se le olvide por qué estamos aquí” se dibujó en el anochecer antes de que estallaran los fuegos artificiales.

La torre y la cruz, cuyos brazos son ventanales, se podrán visitar a partir de 2028.

Fue Valentina, una adolescente de 13 años no vidente, quien le explicó a León XIV cómo fue pensada y diseñada la torre sobre la que el pontífice realizó la bendición. Valentina se la describió al papa mientras recorría con sus manos una maqueta de la torre.

“Empezar de nuevo”

Por la mañana de este miércoles el pontífice hizo una visita a la cárcel de Brians 1, el penal catalán en el que cumplen condena unas mil personas y que es conocido por tener el mayor porcentaje de suicidios entre los internos.

“Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”, les dijo el pontífice a los detenidos, luego de escuchar el testimonio de dos reclusas.

“A cada uno les digo: Dios te ama como eres pero te sueña mejor”, subrayó León XIV.

Fuegos artificiales estallan durante la inauguración de la Torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia durante el viaje apostólico del Papa León XIV en Barcelona, ​​España. Foto Reuters

“El pasado no condena el futuro sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar”, alentó a los hombres y mujeres -que son un centenar- que cumplen condena en Brians 1.

El papa luego se subió al helicóptero que lo trasladó hasta la Abadía de Montserrat, a 720 metros sobre el nivel del mar.

El monasterio, que celebró el año pasado su milenario y nunca dejó de estar habitada por monjes benedictinos, fue atacada en numerosas ocasiones por las tropas napoleónicas para evitar que se instalaran allí defensas españolas.

Desde la abadía, el papa rezó ante la Moreneta, la talla de la patrona de Cataluña. del 1200. La imagen románica se volvió de color chocolate por los pigmentos de blanco de plomo que, con el tiempo, se fueron alterando y ennegreciendo.

Algunas víctimas de abusos cometidos dentro de instituciones religiosas se oponían a la visita de León XIV a Montserrat por haber sido escenario donde se cometieron violaciones que fueron encubiertas por los abades.

Migue Hurtado, la primera víctima que denunció haber sufrido violencia en la abadía, consideró vergonzoso que el papa visite lo que él denominó “el kilómetro cero de las violaciones” en Cataluña.

León XIV evitó en Montserrat hacer referencias a los abusos dentro de la Iglesia.

Sí lo hizo en el vuelo que lo traía desde Roma a España, cuando ante los periodistas que lo acompañaban reconoció que la pederastia es “una llaga abierta” y lamentó no poder reunirse con todas las víctimas que se lo solicitaron.

En Madrid, el papa mantuvo un encuentro privado con seis personas que padecieron abusos por parte de curas, religiosos o laicos consagrados y ante los obispos definió la problemática como “una plaga”.



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