Hace apenas un año, buena parte de los principales ejecutivos del sector tecnológico advertían que la inteligencia artificial transformaría el mercado laboral con una fuerte eliminación de puestos de trabajo.
En las últimas semanas, el mensaje empezó a cambiar: ahora predominan las referencias a una tecnología que potencia la productividad, crea nuevas oportunidades y mantiene a las personas en el centro de los procesos.
El giro discursivo llega mientras muchas empresas siguen invirtiendo miles de millones de dólares en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, llevan adelante reestructuraciones internas. También coincide con una mayor experiencia en la implementación de estas herramientas y con un creciente debate público sobre su verdadero impacto en el empleo.
Uno de los cambios más notorios fue el de Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT. El ejecutivo, que durante años sostuvo que la IA produciría cambios profundos en el mercado laboral, reconoció a fines de mayo que algunas de sus proyecciones no se cumplieron.
“Hemos estado bastante acertados en las predicciones tecnológicas y bastante equivocados respecto de las implicancias sociales y económicas“, afirmó durante una conferencia.
Poco después, en una entrevista con CNBC, sostuvo que la industria “subestimó cuánto íbamos a poder mantener a las personas en el centro de todo”.
Una evolución similar mostró Dario Amodei, de Anthropic (Claude). En mayo de 2025 había advertido que la inteligencia artificial podría eliminar la mitad de los empleos de nivel inicial. Un año después, en cambio, puso el foco en las distintas formas en que las empresas pueden aprovechar la tecnología.
Según explicó, las compañías pueden realizar las mismas tareas con menos recursos (lo que podría derivar en despidos) o hacer más utilizando la misma cantidad de personal, una alternativa que, aseguró, requiere creatividad.
En un ensayo publicado en junio, Amodei aclaró que sus advertencias sobre el desplazamiento laboral buscaban dar tiempo a gobiernos y empresas para prepararse ante posibles cambios, y remarcó que no pretendía convertirse en un “profeta del desastre”. De todos modos, también señaló que sigue existiendo la posibilidad de una pérdida de empleos de carácter permanente.
De los despidos al discurso sobre productividad
El cambio de tono aparece en un contexto en el que varias grandes tecnológicas continúan reduciendo personal mientras incrementan el gasto destinado al desarrollo de inteligencia artificial.
Mark Zuckerberg, CEO de Meta, sostuvo recientemente, durante una entrevista con Complex, que si las empresas logran aumentar la productividad de las personas más rápido de lo que automatizan tareas, “en teoría debería haber más empleos en el futuro, no menos”.
En mayo, Meta comenzó un proceso de despidos que alcanzó a 8.000 empleados como parte de una reorganización para simplificar la estructura de sus equipos.
También Andy Jassy, director ejecutivo de Amazon, modificó parcialmente su discurso. En febrero habló del potencial de la IA para generar nuevos puestos de trabajo, luego de que un año antes anunciara que Amazon reduciría su plantilla en los próximos años debido al avance de esta tecnología.
La empresa aclaró posteriormente que los despidos de 16.000 trabajadores no estuvieron vinculados con la adopción de inteligencia artificial, sino con un proceso destinado a reducir niveles jerárquicos y revitalizar su cultura corporativa.
El relato de las grandes tecnológicas pasó de escenarios centrados en una fuerte reducción de trabajadores a otro en el que la inteligencia artificial aparece principalmente como una herramienta para aumentar la productividad sin necesariamente reemplazar empleados.
Ese cambio de postura también se refleja fuera del sector tecnológico. Una encuesta de EY-Parthenon mostró que el porcentaje de CEOs que cree que las inversiones en IA provocarán reducciones significativas de personal cayó de aproximadamente el 46% en enero de 2025 al 20% en mayo de este año.
Para David Autor, economista del MIT, existen distintas explicaciones posibles para ese cambio de percepción. Según sostuvo, los ejecutivos pueden haber comprobado que el mercado laboral “no está cambiando (ni colapsando) tan rápido como esperaban“. También consideró que quizá comprendieron que no era un buen negocio presentar su nuevo producto como una tecnología capaz de destruir la economía.
Un estudio elaborado por la empresa de tecnología financiera Ramp junto con Revelio Labs también encontró que las compañías que realizaron las mayores inversiones en inteligencia artificial incrementaron su empleo alrededor de un 10% más que otras empresas similares que todavía no habían adoptado estas herramientas.
Altman respaldó esa idea al asegurar que “las empresas que más adoptaron IA también son las que más están contratando”. Además, afirmó que la tecnología ya está generando demanda para determinados perfiles laborales y que, con el tiempo, aparecerán ocupaciones que hoy todavía no existen.
La implementación todavía plantea dudas
Jeff Bezos, fundador de Amazon. (Foto: EFE)Pese al cambio de discurso, no existe consenso sobre cuál será el impacto de largo plazo de la inteligencia artificial en el empleo. Economistas de primer nivel mantienen posiciones divergentes sobre el efecto que tendrá la tecnología en los próximos años.
El año pasado, el CEO de Ford, Jim Farley, había afirmado que la IA reemplazaría “literalmente a la mitad de los trabajadores administrativos de Estados Unidos”. Sin embargo, recientemente Ford Motor Company incorporó varios cientos de ingenieros y atribuyó esa decisión a preocupaciones sobre la calidad del trabajo automatizado.
Un vocero de la automotriz sostuvo que “los ingenieros con una profunda experiencia técnica, aprovechando el poder de la IA, constituyen una combinación muy poderosa que está impulsando mejoras en la calidad”.
Para el profesor y analista Maurice Schweitzer, “el tono de la conversación cambió”. Según explicó, al principio hubo una gran expectativa alrededor de la inteligencia artificial y ahora también aparece un componente político vinculado a la construcción de centros de datos y a la posible regulación de la tecnología.
Al mismo tiempo, las empresas siguen aprendiendo cómo implementar de manera efectiva estas herramientas. Muchas todavía intentan determinar cuánto tiempo requiere incorporarlas a sus procesos y hasta qué punto pueden resolver tareas y flujos de trabajo con buenos resultados.
Una encuesta realizada por la consultora Emergn reveló que numerosas compañías tienen dificultades para medir el rendimiento real de sus inversiones en inteligencia artificial.
Cerca del 20% de los ejecutivos estadounidenses consultados afirmó que los informes internos sobre los proyectos de IA presentan un panorama más optimista que el que muestran los resultados, ya sea porque se suavizan las malas noticias o porque los equipos evitan comunicar los fracasos.
Incluso Jeff Bezos mantiene una mirada optimista sobre el futuro del empleo. En junio sostuvo que la inteligencia artificial incluso podría generar escasez de mano de obra. Consultado en mayo por CNBC sobre el temor de muchas personas a perder su trabajo por la IA, respondió que ese miedo existe porque “toda esta gente inteligente sigue diciéndolo”. Cada vez menos ejecutivos lo hacen.
