Romain Bouvier (34), uno de los dos acusados del crimen del ex jugador de Los Pumas Federico Martín Aramburu (42), cometido el 19 de marzo del 2002 en París. declaró este martes durante nueve horas en los tribunales penales de la capital francesa, dijo que merece ir a prisión y, a diferencia de Liok Le Priol (32), el otro imputado, negó haber actuado en su “legítima defensa”. Pero aclaró: “No quise matarlo”.
Según la acusación, Bouvier disparó primero contra la víctima, pero no la mató -por eso lo imputan por “tentativa de homicidio”-, mientras que Le Priol ejecutó a tiros al rugbier argentino.
Desde su box de cristal en la sala Voltaire del tribunal de apelaciones parisina, custodiado por dos policías y al lado de su presunto cómplice ultraderechista -pero sin poder hablar con él-, el acusado admitió haber recurrido a “la violencia intencional con arma”. También contó que piensa en la familia de Aramburú todos los días, “en su padre, su madre, su hermana, su esposa y sus hijos”.
No se atrevió a mirarlos cuando habló. “Fui sincero y entiendo que la familia no pueda comprender lo que siento. Siento una culpa inmensa. Lo lastimé. Provoqué esos disparos, y si no hubiera disparado, el señor Le Priol no habría intervenido y el señor Aramburu seguiría con sus hijos”, dijo y se puso a llorar.
En su extensa declaración, Bouvier -hijo de una reconocida abogada de París- recordó que ya “traicionó la confianza del sistema judicial” al haber violado las condiciones de su libertad condicional: “Le juré a mi madre, a mi abuela, a mi pareja, que jamás volveré a pisar un tribunal”.
En la audiencia se reprodujo el video que muestra cuando Bouvier efectuó cuatro disparos contra Aramburú que lo hirieron en una pierna y en el hombro.
En ese momento, el acusado mencionó que acababa de ser agredido, que estaba borracho, no en su sano juicio y que tenía miedo de ser masacrado a golpes.
De acuerdo a las imágenes, después de esos primeros cuatro disparos, Bouvier escapó por el iluminado Boulevard Saint Germain. “¡Creí que era el fin!”, admite.
“No pienso en nada más. No quería matarlo, asesinarlo, quería calmar la situación. Pero con el señor Aramburu, es como hablar con una pared”, dijo y remarcó: “Quería recuperar a mi amigo, quería recuperar a mi amigo. El señor Aramburu se me acerca y me dice ´estás muerto´”.
Atónito, Frank Zientara, el juez que preside el tribunal de juicio, le preguntó cómo un experto en armas puede acertar a alguien en el pecho apuntando al suelo. “Mis disparos lo cambiaron todo, trajeron a Loïk Le Priol de vuelta. Mis balas en el cuerpo del señor Aramburu lo dejaron en un estado terrible”, describió.
Luego de huir a la carrera por el boulevard, el acusado abordó un taxi y se fue a casa de su madre sin Le Priol, sin saber lo que aquel qué hacía ni dónde estaba.
—Está buscando a Loïk, no ve a Loïk, no ve su cuerpo, su cadáver. ¿Por qué no lo llamó? —quiso saber el juez.
—Estaba paralizado —respondió Bouvier.
—Pero ¿por qué salió del Jeep cuando estaba a salvo? ¿Por qué tenía un arma?
—Eso no tiene sentido, porque me dije a mí mismo que no iba a usar esa arma.
Entonces, el acusado retomó su explicación sobre su supuesto intento por disuadir: “Hay un temor totalitario, me abruma este temor. Cuando uno siente esto, teme quedarse atrás, morir o terminar en una silla de ruedas. No hay ira”.
El juez quiso saber por qué no se entregó si tenía tanto miedo. “Lo que hice fue una locura total. La locura de salir armado, la locura de usar el arma, aun estando convencido de que no toqué al señor Aramburu”, respondió Bouvier, quien luego aclaró que él creyó que no le había dado a la víctima con sus disparos.
El acusado insistió en que Aramburú le dijo “estás muerto” y que por eso entró en pánico: “Estoy aterrado. Es entonces cuando saco mi pistola. Él avanza. Disparo rápidamente al suelo, tan rápido como puedo, para que vea los disparos. Uso mi pistola como una pistola de fogueo; quiero que retroceda. Pienso ´soy el siguiente’”. Es que Bouvier creía que el rugbier y su socio y amigo que lo acompañaba, Shaun Hegarty, había masacrado a golpes a Le Priol
El imputado volvió a afirmar que él “no quería matarlo ni asesinarlo” y contó que uno de los camareros del bar Le Mabillon, donde había iniciado la pelea, le había dicho que Le Priol estaba siendo brutalmente atacado más lejos.
El momento en el que Aramburú tira de su silla a Loïk Le Periol (32) en el bar de París.“Así que tengo esta escena en la cabeza. Me imagino a Loïk en el suelo, con nuestros dos atacantes dándole una paliza”, relató.
Sin embargo, cuando se produjeron los disparos frente al hotel donde se hospedaban Aramburú y Hegarty, Le Priol estaba en un Jeep junto a su pareja, Lyson R. “Todo está borroso, se ven figuras, pero no alcancé a distinguir los detalles de su ropa, su forma de andar. No veo a Loïk, creo que está en el suelo”, explicó Bouvier.
El acusado se describió como un pacifista ante este tipo de hechos: “En mi vida, por las noches, he resuelto decenas de situaciones como esta”.
“Cuando ves a alguien morir violentamente, parte de tus recuerdos desaparecen, explotan. Eso me pasó en la prisión de La Santé, donde estuve encarcelado tras la muerte de un compañero. Puede alterar tus recuerdos y los de los demás”, señaló.
En el tramo final de su declaración, Bouvier recuperó su compostura: “No tengo respuestas, no lo vi todo, siento asco. Igualmente. Pasamos de la alegría, la celebración, la ligereza, la relajación, a los golpes, el miedo, el sufrimiento, las emociones negativas…”
El acusado sabe que, al igual que Le Priol, este viernes él también puede ser condenado a prisión perpetua.
