El conurbano bonaerense es un fiel reflejo de la falta de oportunidades laborales. Las causas son varias, pero la crisis del sector industrial pica en punta a la hora de hablar de la nueva realidad del desempleo, o del empleo precarizado.

“Sumate a nuestro equipo. En Cabaña Don Theo de la sucursal de Moreno vamos a sumar personal para todos los sectores. Presentarse con CV en mano el miércoles 6 a las 11″, se detallaba en un comunicado difundido por un frigorífico que necesitaba cubrir 60 puestos.

El resultado sorprendió a los dueños del frigorífico que nunca imaginaron recibir a tantos aspirantes y también a los posibles futuros empleados que llegaron hasta el lugar y se encontraron con filas eternas que ocuparon hasta 10 cuadras.

El problema del empleo en el conurbano no es menor. Pero hay datos que van de la mano con lo que sucede. El 50% de los empleos industriales se concentra en la provincia de Buenos Aires y gran parte de ese porcentaje pertenece a los cordones fabriles que florecieron a partir de las décadas del 50 y 60. Hoy la realidad es muy diferente. Es diferente para el país y para la provincia en particular. A modo de ejemplo, a fines de los 60 y principios de los 70, la industria argentina era mayor a la industria de China. El Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina era mayor al PBI de Brasil. Hoy el PBI argentino es menor que el PBI brasileño y también menor que el PBI del estado de San Pablo.

A la debacle de gran parte de la industria local de los últimos 50 años se suman medidas del Gobierno como la quita de aranceles a la importación, que ponen en juego una competencia global que, tal vez y por otras razones, diferentes sectores industriales ya no tienen.

El resultado se refleja en los números. Según el último informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), los textiles, confecciones, cuero y calzado hoy ocupan 12.923 personas menos que hace un año, lo que representa una caída del 11,5% del total de esos sectores. Si la comparación es desde el máximo anterior del año 2023 (agosto), apenas unos meses antes de que asuma la presidencia Javier Milei, la baja de asalariados en esos sectores alcanza los 22.382. En el mismo período otros rubros también emplean a menos personas. En Metalmecánica hay 18.931 personas menos; en Automotores y Neumáticos 6.950; en Madera y Papel, 6.733; en Química y Petroquímica 5.416; en Alimentos y Tabaco 558 menos y en otras manufacturas, 12.878. En total, en todos esos rubros se perdieron 72.731 puestos de trabajo. Si el 50% de la industria se concentra en la provincia de Buenos Aires, no tiene por qué sorprender que se postulen más de 3.000 personas para 60 empleos. Hay más: a los desempleados industriales se suman las nuevas generaciones que, por edad, buscan su primer empleo.

En el Gobierno siempre fueron conscientes de que la actual situación podía pasar. En primer lugar porque Milei siempre dijo que él se “ocupaba de la macro y que de la micro se ocupen los empresarios”. En segundo lugar porque Milei encarna a un gobierno que prefiere la competencia y la desregulación y que está en la orilla opuesta a disponer de subsidios para la industria. El superávit fiscal es parte del plan y los subsidios caen en la planilla del déficit. Es decir, el superávit no es una bandera que Milei esté dispuesto a entregar. A esto se suma otro convencimiento: el Gobierno apuesta a que los empleos industriales que se pierden se reemplacen por empleos en el sector de servicios. El dilema es cómo hacer para que los empleos que se pierden en la industria se conviertan en empleos de calidad en el sector de servicios.



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