Aunque la sofisticación con los viajes en tren tiene una larga historia, los últimos tiempos ofrecen novedades sorprendentes. El caso más promocionado es el British Pullman, un tren de lujo de la empresa Belmond que une Londres con Bath. Con sus ruinas romanas y el entorno del río Avon, sus balnearios y sus parques, Bath está considerada una de las ciudades más atractivas de Gran Bretaña. Para el lanzamiento acondicionaron el vagón Celia con un diseño del director de cine Baz Luhrmann y éste, en el debut del recorrido, convocó a un variopinto seleccionado de estrellas: así Roger Federer y su mujer compartieron el primer viaje junto a las actrices Emma Corrin y Simone Ashley y figuras del ambiente de la moda como Tom Ford y Stella McCartney. Baz Luhrmann, realizador de Moulin Rouge, El Gran Gatsby y Elvis entre sus más conocidas películas organizó ese vagón junto a la diseñadora de vestuarios –y ganadora de cuatro premios Oscar- Catherine Martin. Se inspiraron en “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare y la empresa lo difundió así: “Marcando el comienzo de una nueva era del viaje entre lujo a medida, Celia se concibe como un espacio excepcional para grandes banquetes y celebraciones íntimas, que puede transformarse fácilmente en un escenario teatral para actuaciones durante todos los itinerarios del British Pullman”. El vagón tiene capacidad para 12 invitados, y cuenta con comedor, salón-bar y cocina. “Partiendo de Londres, los invitados disfrutaron de cócteles de champán, tres platos de cenas y actuaciones sorpresa en vivo mientras el tren se embarcaba en un vibrante final de regreso a la ciudad” Para los exclusivos viajeros, la experiencia comienza en el bar y salón, con champán y narrativa teatral. A la hora del almuerzo o la cena, las cortinas se abren para revelar un espacio transformado en escenario con pista de baile. Se pueden organizar actuaciones en directo, DJs o listas musicales personalizadas. Este viaje de tres horas, que parte cada mañana desde la Estación Victoria en la capital, cuesta 17.283 euros. Según Luhrmann “entrar en el vagón es como transportarse a otro mundo, un mundo en el que los visitantes están invitados a formar parte de la historia. Es una forma divertida y excepcionalmente única de explorar el Reino Unido, a tu propio ritmo y según tu propia historia”. Bath los aguarda con aquellos atractivos, sus baños termales o con su arquitectura de la época georgiana (siglo XVIII) donde resalta el Royal Crescent. Hace cinco años, la misma empresa había promocionado el vagón Cygnus, con diseño de otro conocido director de cine, Wes Anderson. “En muchos sentidos, Celia es lo más parecido a alquilar un tren propio que se puede tener”, afirma Adam Baylis-Waterlow, director general de British Pullman. “Por ello es una de las incorporaciones más emocionantes a British Pullman en una generación”. En el interior del vagón la ambientación refleja la marcada teatralidad que caracteriza a Luhrmann. El concepto de diseño se basa en una musa imaginaria de Luhrmann, Celia: sería la protagonista de la movida teatral de un siglo atrás, que habría protagonizado la obra de Shakespeare. La promoción también señala que “Celia es un viaje mágico y misterioso: una experiencia gastronómica itinerante para amigos o una celebración íntima, repleta de comida, música, vino, risas y espectáculos”. El vagón cuenta con paneles de marquetería tricolor que representan escenas pastorales inglesas. Hay motivos florales, incluyendo pensamientos (la flor simbólica de Titania en la obra de Shakespeare), que decoran los suelos y el mobiliario de madera de roble, en colores que abarca verdes, amarillos, rojos y morados, coronados por un techo de tela diseñado para optimizar la acústica en directo durante las actuaciones a bordo. Cada elemento del vagón es exclusivo, incluso la fragancia. La vajilla ofrece el mismo lujo. La diseñadora Catherine Martin le explicó a Vogue tras el viaje inaugural: “En realidad conocimos nuestro vagón cuando era solo un vagón de tercera clase abandonado, así que ha tenido una verdadera transformación. Estaban todos esos complejos problemas de ingeniería que me parecieron fascinantes, pero siempre veo el diseño como un acto de resolución de problemas”. La historia de los viajes de lujo en tren se remonta a fines del siglo XIX, cuando funcionó el primer servicio exprés transcontinental en Europa desde París a Constantinopla. Los privilegiados de esa época se podía viajar en el legendario Oriente Express con paradas en las cervecerías de Munich, las aguas termales y la Catedral de San Esteban en Budapest, o los salones musicales de Viena . Para muchos a bordo el tren en sí era tan atractivo como los paisajes que se desplegaban tras las ventanillas. Este “palacio rodante” era de una opulencia inimaginable, con lujosos camarotes, vagones revestidos de caoba y cenas con servicio impecable. Al pasear de un elegante salón a otro, los pasajeros privilegiados podían divisar a miembros de la realeza o a las celebridades del día admirando los lagos y las montañas que pasaban desde sillones con los más suaves tapizados. La marca Oriente Express está vigente hasta nuestros días, operada por el consorcio francés de hotelería Accor. Cuenta con el tren La Dolce Vita-Oriente Express que ofrece ocho itinerarios de relax por Italia. Sus vagones, con capacidad máxima de 62 pasajeros, se distribuyen en 12 camarotes de lujos y 18 suites. El chef Heinz Beck (del restaurante La Pergola) supervisa los menús regionales; y músicos en directo amenizan el Players’ Lounge mientras los pasajeros juegan ajedrez y backgammon. Pero, a su vez, la Belmond también tiene su Orient Express con destino a Venecia cuya joya es el vagón L’Observatoire, diseñado por el artista francés JR: allí la nota es una biblioteca con cientos de títulos, un salón de té y un dormitorio. El vagón más caro del mundo tiene un precio ambicioso de unos 100.000 dólares por noche. Para la temporada británica de verano, Belmond presentará otro tren de lujo, nocturno, el Britanic Explorer, para recorrer Inglaterra y Gales. Y hay proyectos similares en lugares tan disímiles como Arabia Saudita (“El sueño del desierto”) y Vietnam (“El tren de la Revolución”), Tailandia y Uzbekistán, aquí recorriendo la Ruta de la Seda. Luhrmann le dijo a los beneficiados: “Entre en un espacio, deje atrás su vida cotidiana y emprenda un viaje, ya sea a través de una obra de teatro, una película o un tren. Deberían sentirse renovados espiritualmente, al poder desconectar de sí mismos y regresar, con la esperanza de haber reajustado la energía que pudiera estar arrastrándolos hacia abajo. En resumen: fue un sí rotundo». Pero cuesta caro. Más que un lujo, una excentricidad. Para visitar Bath, se puede tranquilamente conseguir un ticket a 40 euros –valor promedio- y aún por la mitad en las múltiples ofertas en las redes. Source link Navegación de entradas YPF rompió su propio récord: explotó el precio de su acción y la empresa ya vale más que en toda su historia