La experiencia de paz en Irlanda del Norte, el mecanismo de decomiso de armamento y su estilo de negociación están siendo aplicados para conseguir la segunda fase de la “hoja de ruta” para el alto el fuego en Gaza.
El ex primer ministro Tony Blair, protagonista del Acuerdo del Viernes Santo en Belfast para lograrlo, es uno de los negociadores junto al líder de Hamas, Khalil al-Hayya, Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para impulsar el Board de la Paz en Gaza.
El Instituto Tony Blair confirmó su presencia en una reunión el domingo con el líder de Hamás, Khalil al-Hayya, en El Alamein, junto a Jared Kushner.
Este lunes, las negociaciones continuaron en Israel con el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien rechaza el acuerdo si Hamás no se desarma previamente. Nickolay Mladenov, alto negociador en el Board, estuvo presente.
Cuatro horas de negociaciones
Blair y Jared Kushner participaron en el encuentro de cuatro horas con el primer ministro israelí, quien rechaza la hoja de ruta de 15 puntos para Gaza. Israel ha sido denunciado por ocho países musulmanes por boicotear las negociaciones.
En El Alamein, en Egipto, el jefe de Hamás, Khalil al-Hayya, dijo que “aceptaban la hoja de ruta y se desarmaban si Israel se retiraba simultáneamente de Gaza“. Estados Unidos exigió que Hamás no pudiera participar en un gobierno. Al-Hayya aceptó la hoja de ruta hasta ahora.
Durante las conversaciones, Kushner instó a Netanyahu a avanzar con el plan de paz para Gaza y a “no crear obstáculos”, según declaró una fuente israelí que conoce las negociaciones.
El problema de las elecciones
Netanyahu, quien había rechazado la propuesta a principios de este mes, argumentó que avanzar en el plan de 15 puntos resultaba “problemático” debido a las próximas elecciones en el país, previstas para finales de octubre.
En su lugar, manifestó a Kushner y a Blair que “era necesario que Hamás diera los primeros pasos”.
Kushner le recordó al primer ministro israelí que, acompañado por el director general de la Junta para la Paz, Nickolay Mladenov, y Blair, mantuvo una reunión sin precedentes de más de dos horas con una delegación de Hamás el domingo. La encabezó el nuevo jefe de Hamás, Khalil al-Hayya. Este perdió a su esposa, tres de sus hijos, tres de sus hermanos en un ataque israelí en 2007 en Gaza y otro hijo en un ataque en Doha.
Washington busca este éxito diplomático en Gaza porque no logra finalizar la guerra en Irán, no encuentra una solución en el Estrecho de Ormuz ni consigue una victoria, ni logra convencer a Israel de finalizar el conflicto en el Líbano ni en Gaza. Trump debe poder mostrar paz en sus elecciones de medio término.
Netanyahu ha rechazado públicamente el marco propuesto, insistiendo en que las fuerzas israelíes no se retirarán hasta que Hamás esté totalmente desarmado, mientras Israel continúa sus operaciones militares en Gaza y amplía sus asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada.
Hamás y Estados Unidos ganan confianza
Oficialmente, Estados Unidos califica a Hamás como una organización prohibida y “terrorista”. Extraoficialmente, EE.UU. lleva mucho tiempo interactuando con el grupo palestino, principalmente a través de mediadores.
Los analistas políticos consideran que el contacto directo entre los enviados estadounidenses y la cúpula de Hamás supone un reconocimiento clave de la realidad política sobre el terreno. Esta reunión le da a Hamás una legitimación pública que, hasta ahora, Estados Unidos no le otorgaba.
Un escenario que Israel necesita evitar y que revela un cambio de Trump hacia Hamás después de la guerra en Irán: un gesto de confianza que antes no existía en las negociaciones, porque lo necesita para llegar a alguna solución exitosa, y una advertencia a Israel.
El periódico israelí Yedioth Ahronoth informó que los funcionarios estadounidenses están cada vez más frustrados porque Israel “intenta ganar tiempo, plantear nuevas reservas y alterar la secuencia establecida en la hoja de ruta”.
Se espera que la administración estadounidense presione a Netanyahu para que detenga los ataques en Gaza, retire las fuerzas hasta la “Línea Amarilla”, aumente significativamente la ayuda humanitaria a la Franja y permita la puesta en marcha de mecanismos de reconstrucción y gobernanza civil. Es el único aliado que le queda a la administración de Netanyahu.
El funcionario restó importancia a las discrepancias entre Israel y EE.UU. sobre el avance del plan. Más que buscar la “firma” de Israel en el plan de 15 puntos, la reunión de este lunes se centró en “avanzar en todos los elementos del plan que sea posible”.
Hasta ahora, los desacuerdos impiden avanzar en la reconstrucción de Gaza, y el 70 por ciento de la población vive en carpas.
