Un Tribunal de Israel paralizó el plan del Gobierno para poner cocodrilos en un foso alrededor de la prisión de Ketziot, en el sur del país y con miles de palestinos detenidos. La decisión fue tomada no por atentar contra los derechos humanos sino por vulnerar el bienestar de los animales.
La idea de este foso, con un presupuesto de siete millones de dólares y del que ya se construyeron decenas de metros, partió del ministro de Seguridad Nacional israelí, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, quien pretende emular el modelo “Alligator Alcatraz”, el centro de detención migratoria del sur de Florida, pero para apresar a “terroristas de Hamas”.
“Que todos los terroristas sepan que quien aterrorice a nuestra gente acabará durmiendo entre cocodrilos”, dijo la semana pasada la ministra israelí de Protección del Medio Ambiente, Idit Silman. A su lado, Ben Gvir exclamó: “En Oriente Medio, los que mandan tienen que ser estrictos, así funcionan las cosas”.
En consecuencia, el Tribunal de Distrito de Jerusalén suspendió temporalmente la apuesta de Ben Gvir tras una petición de urgencia presentada por la organización israelí Let the Animals Live (Dejen vivir a los animales), tras argumentar que este foso con cocodrilos “vulnera el bienestar animal”.
Ahora, el Gobierno de Israel tiene tiempo hasta el 16 de agosto para responder y apelar el fallo.
Según un reporte del Canal 7 israelí, el proyecto se enmarca en el deterioro de las condiciones de los presos palestinos en las cárceles desde octubre de 2023, con la intensificación del conflicto bélico en Gaza. Desde entonces, aumentaron las denuncias de tortura, abuso sexual, inanición o hacinamiento extremo.
La presentación que paralizó el proyecto señala, entre otros puntos, que ejecutarlo supondría “riesgo para los animales, la seguridad pública y el medio ambiente”.
En su fallo, el juez Avraham Rubin, del Tribunal de Distrito de Jerusalén, argumenta que la suspensión temporal está justificada porque “las alegaciones sobre el daño que se preveía para los cocodrilos merecen una investigación”.
“Han construido canales muy estrechos y pequeños pero estos cocodrilos crecen durante toda su vida. Pueden llegar a los 5 metros y a los 300 o 400 kilos de peso. Son muy agresivos, no solo con los humanos, sino con cualquier animal e incluso entre ellos”, explicó la abogada Hagit Gluska, del departamento legal de Let the Animals Live.
Además, desde la comisión de Asuntos de los detenidos y exdetenidos de la Autoridad Palestina señalaron que “el proyecto refleja perfectamente la deshumanización de los presos que Ben-Gvir ha promovido desde octubre de 2023 y su sed de venganza”.
Pese al fallo de la Justicia, Silman clasificó al cocodrilo del Nilo como “animal salvaje criado en cautividad” y con ese argumento le dio viabilidad a la obra ideada por el ministro Ben-Gvir.
Desde el Gobierno aseguraron que este proyecto aliviará la carga de los funcionarios del Servicio de Prisiones encargados de custodiar a los reclusos, y añadió que “todo aquel que ha matado, cometido masacres, violado y se ha comportado como un animal merece que lo vigile un animal como él”.
El proyecto del foso tiene unos 170 metros de longitud y no será visible desde el exterior de la cárcel.
La Autoridad de la Naturaleza y Parques aseguró que no ha encontrado ningún precedente en el mundo del uso de cocodrilos como medio para proteger prisiones, y recordó que la ley israelí solo permite mantener estos animales con fines educativos, de investigación científica o de sensibilización pública, pero no por motivos de seguridad.
La autoridad añadió que introducir a “un gran depredador, longevo y no autóctono” para este fin podría exponer a los guardias de prisión, a los presos y al público a riesgos físicos y medioambientales, y recalcó: “Se supone que debemos proteger a estos animales, no que ellos nos protejan a nosotros”.
También detalló que Israel cuenta actualmente con un número limitado de cocodrilos del Nilo en la reserva de fauna de Hamat Gader, además de más de 200 cocodrilos en la granja Crocoloco, en el desierto de Aravá.
