Con la participación de la Iglesia católica, numerosos premios Nobel, expertos y científicos de nivel internacional, líderes religioso y ex jefes de Estado, firmaron la “Declaración de Roma”, con un firme empeño sobre el riesgo de las armas nucleares y de la Inteligencia Artificial.

”La humanidad se encuentra en un momento decisivo de su propia historia”. Así comienza la Declaración, que contiene también un dramático llamado para que “la potencia técnica no devenga más alta que la dignidad humana”.

De la “Asamblea Global de los Premio Nobel sobre la Inteligencia Artificial y la Guerra Nuclear”, participaron también instituciones de investigación “entre las más importantes e influyentes del mundo”, señala el documento final signado en el Capitolio de Roma, sede de la capital italiana.

El 14 y 15 de julio, la asamblea de los premios Nobel se reunió en el Borgo Laudato si, en la sede pontificia de Castelgandolfo, donde el Papa se encuentra de vacaciones.

El documento, señalaron los participantes, fue inspirado por la encíclica Magnifica humanitas publicada recientemente por el Papa León XIV, que siguió de cerca el encuentro.

El mundo vive “un desafío sin precedentes”, señala la Declaración de Roma, que “interroga a todos porque la inteligencia artificial ofrece grandes oportunidades pero es probable que provoque una perdida enorme de puestos de trabajajo y acentue las competiciones económicas entre las potencias nucleares”.

El fenómeno se desarrolla “con una rapidez sin precedentes y aparece destinado a producir transformaciones económicas, militares y sociales de vasta dimensión”.

La declaración destaca que la creciente carrera por los armamentos nucleares va al mismo paso de “una carrera a la Inteligencia Artificial igualmente peligrosa”.

El documento acoge la invitación del papa por “una paz desarmada y desarmante”, que “rechaza la idea de que la seguridad se apoye en el miedo, el dominio, la amenaza y la destrucción recíproca”.

En los seis puntos de la Declaración de Roma se invita a desactivar “la próxima carrera a los armamentos en el campo de la Inteligencia Artificial y los armamentos nucleares, antes que sean ellos los que determinen el rostro del próximo siglo”.

El documento hace una firme invitación a los desarrolladores de la Inteligencia Artificial a obrar en el interés de la humanidad, “el respeto el derecho internacional y los derechos humanos”.

“Le decisión final de emplear un arma nuclear, no debe jamas ser confiada a un sistema automatizado”, afirma la Declaración.

Al contrario, se pide la adopción “de un tratado internacional que prohiba la integración irresponsable de la Inteligencia Artificial en los sistemas de comando, control y lanzamiento de armas nucleares, garantizando que permanezca siempre bajo control humano, efectivo y significativo”.

El documento enfatiza la necesidad de evitar un uso malévolo de la Inteligencia Artificial en las operaciones informales y en los ataques contra las infraestructuras nucleares. Destaca la necesidad de “promover el desarrollo y el empleo responsable de la Inteligencia Artificial, para mejorar el bienestar humano, acelerar el progreso científico y médico, proteger el ambiente, reforzar la resistencia de la sociedad y promover la paz, el desarrollo sostenido y el bien común”.

Los últimos puntos de la declaración se refieren a la “necesidad de nuevas vías institucionales hacia un gobierno global en este ámbito”.

La Declaración de Roma propone crear un bien común digital que favorezca la reunión y la condivisón de los datos necesarios “para profundizar el conocimiento y sostener las acciones eficaces con relación a las armas nucleares y la Inteligencia Artificial.

En conclusión la Declaración de Roma reclama con urgencia “el inicio de negociaciones para alcanzar la eliminación verificable e irreversible de las armas nucleares”.

Se relanzan también los empeños suscriptos en el Tratado de no Proliferación de las Armas Nucleares (TNT) y en el Tratado sobre prohibición de las armas nucleares, el TPNW.

De aquí el pedido a los Estados de detener la carrera a los armamentos, apuntando a la negociación y a la realización de las obligaciones asumidas. “Las naciones dotadas de armas nucleares deben promover políticas y doctrinas que reduzcan progresivamente el papal de tales armamentos”.

La Declaración de Roma concluye con el auspicio que “la reducción progresiva de tales armamentos (los nucleares) refuercen la estabilidad estratégica y disminuyan el riesgo de su empleo y de una guerra de consecuencias catastróficos”.

“Está en juego nuestra supervivencia y la de las generaciones futuras”, advierte.



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