Mientras se desarrollan los primeros días de competencia del Mundial, y ya hay argentinos apostados en Kansas y Dallas, el Gobierno lleva adelante su propia táctica para mantener estable el dólar mientras compra reservas.

Es una jugada que observaron en el mercado como una novedad de las últimas semanas, en especial desde que comenzó junio, y que apunta a mantener a los inversores en pesos. El tipo de cambio marcó un “techo” cerca de los $1.450 en su cotización mayorista y desde ese punto volvió a caer.

En la city registraron que el Banco Central adoptó una estrategia nueva para poder continuar con un ritmo de compra de reservas considerable, pero sin dejar que se escape el tipo de cambio.

Para eso acudió a la venta de bonos dollar-linked, atados al dólar, que son aquellos que protegen a los tenedores contra movimientos cambiarios eventuales. Hay una variedad de títulos que cumplen con esta característica. Son emitidos por el Ministerio de Economía, pero el Central los tiene en su cartera y los puede utilizar en el mercado.

Es una de las formas de “intervención” más indirecta a las que puede acudir la autoridad monetaria, al igual que los contratos de dólar futuro. Clarín contó que el BCRA afina un paquete de US$ 22.000 millones de poder de fuego, más allá del colchón de divisas, para potenciales presiones cambiarias en los meses anteriores a las elecciones.

Distintos analistas de mercado dieron cuenta de estos movimientos en las últimas semanas. “Las compras del Central coincidieron con una clara señal de que el equipo económico no quiso que el spot (dólar oficial) continúe subiendo“, observó la consultora financiera 1816.

Pero mencionaron que no hubo intervención con ventas de dólares (de hecho, sigue hilvanando compras) ni con dólar futuro, sino con bonos atados al dólar. Su estimación fue de operaciones por US$ 900 millones en solo cinco ruedas.

Portfolio Personal Inversiones (PPI), por su lado, calculó que sobre el cierre de la semana ese tipo de intervenciones amainaron y pasaron de un promedio diario de US$ 630 millones en la primera parte del mes hasta los US$ 250 millones en el arranque de la semana pasada. Y presumen, aún sin datos oficiales, que tienen cierto rezago, que en los últimos días de la semana pasada debería haber sido cercano a cero.

De todas formas, 1816 estimó que “el stock de títulos soberanos dollar-linked en manos privadas ya alcanzó los niveles a los que llegó en la antesala de las elecciones de 2025“, lo que marca que existe en ese segmento un alto nivel de cobertura ante eventuales presiones cambiarias.

Tras haber alcanzado el primer objetivo de compra de reservas anual (US$ 10.000 millones) en los primeros días de este mes, PPI midió que “la performance de junio todavía no está a la altura de la de los meses previos”. Mientras en abril y mayo el Central se llevaba casi US$ 140 millones por día en promedio, ahora bajó a US$ 90 millones.

Más allá de la estrategia del BCRA de mantener estable el dólar, el ingreso de divisas por la cosecha gruesa, las exportaciones mineras y de energía y por la colocación de deuda en dólares de empresas y provincias trazan un horizonte de “sobrante” de divisas, al menos este año.

“En 2026 es esperable que no haya mayores tensiones cambiarias“, resumió un informe de Fundación Capital, la consultora de Martín Redrado, este martes. Para 2027, el partido será otro porque, estima, hay una “brecha” faltante de US$ 18.000 millones por vencimientos de deuda a cubrir y una mayor dolarización de carteras potencial antes de las elecciones.

Para cerrar esa “brecha”, Fundación Capital mencionó que, por la última baja del riesgo país, “las autoridades podrían volver a salir a los mercados internacionales con una colocación que contribuya a despejar el programa financiero de 2027”.

Hubo, en esta primera mitad del año, una suerte de “socio silencioso” del BCRA en el camino de acumulación marcada de divisas. Es la denominación que eligió un estudio de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia. Ese “socio” sería la industria manufacturera.

Los analistas del banco calcularon que, por la caída de la actividad fabril en lo que va del año, el sector requirió US$ 2.000 millones menos que el promedio de los últimos años para la compra de insumos importados, lo que habría colaborado a que el Central pueda comprar en el mercado divisas que otros jugadores del mercado no demanden.



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