Desde 1993 las cuentas Nacionales de INDEC muestran que cuando cae la inversión en forma sostenida -más de tres trimestres consecutivos- el Producto Interno Bruto (PIB) cayó casi siempre en Argentina. De hecho, la inversión suele anticipar cambios del ciclo económico, pero esto no sucedió en el último año: esta se contrajo -en términos desestacionalizados- por cuarto trimestre consecutivo, mientras que el PIB creció -acotadamente- en cada cuarto de dicho período. En términos interanuales, en el primer trimestre del 2026 el PBI subió 2,3% y la inversión cayó 11,6%.

La economía está destruyendo capacidades productivas: puestos de trabajo de calidad, empresas, infraestructura -esperemos que no capital humano- y pese a ello el PBI crece. El patrón heterogéneo de crecimiento con sectores ganadores y perdedores explica esta paradoja. La locomotora de la expansión del PIB son las actividades primarias: Vaca Muerta, minería y sector agropecuario. La inversión en Vaca Muerta y la minería (apuntalada por el RIGI) está impulsando el crecimiento de estas estas actividades extractivas, mientras que en el caso del agro la producción también aumenta gracias a condiciones climáticas benignas. Pero en el resto de los sectores la inversión cae: la industria, la construcción y el comercio son claros ejemplos. La conjunción de demanda interna anémica y creciente competencia internacional por apreciación cambiaria afecta especialmente a los sectores transables que no presentan ventajas comparativas. El caso de la industria es el más ilustrativo: la utilización de la capacidad instalada industrial es baja, excepto en agroindustria y refinación de petróleo (ramas asociadas a sectores ganadores), por lo que no hay incentivos a invertir y en algunos casos hay cierre de producción o de líneas de productos sustituidos por importaciones.

El RIGI es un buen impulso para desarrollar finalmente la minería en nuestro país -la próxima Vaca Muerta-, pero tiene un costo fiscal elevado -pues es sostenido en el tiempo y puede estar beneficiando a sectores que igualmente hubiesen invertido. Los beneficios del RIMI no parecen cambiar el amperímetro y el Super RIGI -aún no aprobado por el Congreso- podría ayudar a generar nuevas actividades, pero ¿que sucederá con los sectores perdedores del modelo económico? Ese es el quid de la cuestión.



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