El nombre de Héctor Rusthenford Guerrero Flores (42), más conocido como el “Niño Guerrero”, estuvo durante más de una década asociado al ascenso del Tren de Aragua, una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas de América latina. Este viernes, su historia llegó a un final abrupto tras un anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien confirmó la muerte del líder criminal en una operación que calificó como “rápida y letal”.

Según informó el presidente de Estados Unidos, el operativo fue llevado adelante por el Comando Sur de Estados Unidos en territorio venezolano, en colaboración con lo que definió como sus “amigos de Venezuela”.

Guerrero Flores encabezaba una banda nacida en una cárcel venezolana que terminó convirtiéndose en una estructura criminal transnacional. Además, figuraba desde 2025 en la lista de sancionados por el Departamento del Tesoro estadounidense. Para Washington, el Tren de Aragua había dejado de ser una pandilla para convertirse en una organización terrorista extranjera y una amenaza para la seguridad regional.

Durante años, la base de operaciones del Niño Guerrero fue el Centro Penitenciario de Aragua, conocido como cárcel de Tocorón.

Allí no vivía como un preso común. Según investigaciones de la periodista Ronna Rísquez, el penal contaba con instalaciones inusuales para una prisión: piscina, zoológico, campo de béisbol, sala de apuestas, banco y hasta una discoteca llamada “Tokio”, donde se presentaban artistas reconocidos.

Desde ese centro de operaciones, Guerrero dirigía las actividades del Tren de Aragua mediante el cobro de la “causa”, una cuota semanal que debían pagar los más de 5.000 reclusos para sostener la infraestructura del penal y el nivel de vida de sus líderes. Se estima que ese mecanismo de extorsión generaba unos 3,5 millones de dólares al año. Quienes no pagaban eran sometidos a castigos que incluían violencia, privación de alimentos o la obligación de dormir a la intemperie.

De acuerdo a la investigación de Rísquez, el Niño Guerrero podía salir a su antojo de la cárcel, en connivencia con las autoridades del régimen chavista. Incluso, aseguró la periodista, se lo podía ver en yate en las playas venezolanas.

Lo que comenzó en la década de 2000 como una banda dedicada a la extorsión y el soborno evolucionó bajo el mando de Guerrero Flores hasta transformarse en una organización con presencia en Colombia, Perú, Chile, Brasil, México, España y Estados Unidos. Sus actividades incluían narcotráfico, trata de personas con fines de explotación sexual, secuestros, homicidios, lavado de dinero mediante criptomonedas y tráfico de armas.

La Justicia estadounidense acusaba al Niño Guerrero de actuar en coordinación con el Cártel de los Soles, una organización de narcotráfico integrada, según Washington, por altos funcionarios venezolanos. De acuerdo con la acusación presentada en el Distrito Sur de Nueva York, el líder del Tren de Aragua facilitaba el envío de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y utilizaba grupos armados equipados con fusiles AK-47 y granadas para custodiar los cargamentos.

La aparente impunidad de Guerrero en Tocorón quedó bajo la lupa en septiembre de 2023, cuando unos 11.000 efectivos venezolanos intervinieron el penal. Sin embargo, el “Niño” logró escapar antes del operativo a través de una red de túneles de unos cinco kilómetros que desembocaba en el lago de Valencia. La fuga alimentó las sospechas de complicidad dentro de las estructuras estatales.

Desde entonces permanecía prófugo, con órdenes de captura en distintos países y recompensas millonarias ofrecidas por gobiernos como el de Perú.

En la Argentina, el tren de Aragua fue declarada organización terrorista por el gobierno de Javier Milei, en febrero de 2025. “Conforme surge de los informes de carácter reservado que justifican la presente resolución, la organización Tren de Aragua representa una amenaza seria y multifacética para la seguridad nacional”, argumentó el decreto firmado por el Presidente.

El Departamento de Estado de EE.UU., en tanto, ofrecía desde julio de 2024 una recompensa de hasta 5 millones de dólares por información que llevara a su captura.





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