El FMI publicó el viernes pasado una extensa y pormenorizada radiografía de la economía argentina que incluyó además de anexos una serie de documentos de trabajo separados sobre casos de estabilización de países con alta inflación como el que trata de dejar atrás la Argentina. El organismo el jueves aprobó un desembolso de US$ 1.000 millones y al día siguiente hizo un llamado para consolidar la estabilización: debe avanzar en un régimen de flotación del peso (menos controles y cepo), estadísticas más precisas, un banco central independiente, financiarse en los mercados y comprar reservas para amortiguar los impactos externos y domésticos que puedan afectar la evolución de la inflación vía un salto devaluatorio.

El Gobierno, por su parte, ha expresado en el documento sus pormenores y, como lo viene haciendo habitualmente, incluso respondiendo muchos de estos comentarios del FMI pero que hacen analistas locales como el ex ministro de Economía Domingo Cavallo. Solicitó permiso al FMI para mantener los controles cambiarios dentro del marco del artículo VIII y modificaciones en la meta de junio de acumulación de reservas.

El FMI ha dicho que las reservas netas del Banco Central, esto es una medición del organismo de las reservas descontados ítems como los swaps, encajes y otros préstamos para ver el verdadero poder de fuego propio de la autoridad monetario, subieron US$ 4.800 millones en lo que va del año reflejando el funcionamiento del programa de compras de dólares del Banco Central y la recalibración de las bandas.

La meta de reservas de diciembre de 2025 no fue cumplida por “un margen importante”, cayendo por US$ 10.000 millones por encima del piso pactado en medio de las ventas de divisas del BCRA en el contexto de las elecciones de mitad de término. Llegaron a ser –US$ 11.700 millones, ubicándose por debajo del nivel de fines de 2024 (-US$ 2.400 millones) y similares a las de fines de 2023 (-US$ 11.200 millones).

En el documento el Fondo señala que “se propone reducir el objetivo de acumulación de reservas netas de inversión (NIR) para finales de junio de 2026” y de ese modo compensar esa caída de US$ 10.000 millones de 2025. “Se prevé que las reservas aumenten de forma constante hasta 2026, reduciendo así la mayor parte del déficit de finales de 2025, que asciende a unos 10.000 millones de dólares estadounidenses”. Las reservas netas subirían en US$ 8.000 millones para este año que es la cifra estipulada como meta de desempeño.

El ministro de Economía, Luis Caputo, en su momento se había manifestado en contra de las metas trimestrales que por norma se establecen en los programas del FMI. “Lo hablamos con el Fondo, normalmente tenemos que poner metas trimestralmente, podemos si quieren poner metas trimestrales pero lo lógico es una meta anual”, dijo en su momento. Finalmente hay metas trimestrales.

El FMI dice que a finales de diciembre de 2025, la parte activada del Fondo de Estabilización Financiera (ESF en inglés) del Tesoro estadounidense por US$ 2.500 millones fue reembolsada con una línea de intercambio equivalente del Banco de Pagos Internacionales (BPI) y que según el FMI la Argentina espera repagar a fines de 2026.

Y agrega que “el BCRA está muy avanzado en la extensión de su acuerdo de intercambio de divisas por un valor aproximado de 18.000 millones de dólares con el Banco Popular de China y en la refinanciación de la parte activada del mismo (5.000 millones de dólares). El Banco Central había confirmado ya en la semana que negocia la extensión del swap con China. El tramo activado del intercambio de monedas vence en agosto y el Gobierno planea renovarlo con las mismas condiciones.

El FMI asimismo ve como posibilidad que el gasto público sufra presiones al aumento por mayores erogaciones por la ley de financiamiento educativo (universidades), discapacidad y la demora de la puesta en marcha de la reforma laboral. El organismo estima que agregarían medio punto porcentual al gasto sobre el PBI.

Respecto a la posibilidad de que se otorguen préstamos en dólares, una medida que el Gobierno buscó impulsar, el organismo advirtió sobre los riesgos de ‘un descalce de monedas’ ante un eventual movimiento abrupto en los tipos de cambio. “Los préstamos en divisas otorgados por los bancos deben seguir limitándose a sujetos y respaldados por requisitos estrictos de empalme de divisas, junto con pruebas de estrés rigurosas y reservas de capital y liquidez adecuadas para las exposiciones cambiarias”.

También el trabajo menciona también un pedido ya casi ‘habitual’ y es una reforma del sistema jubilaciones a presentar para luego de las elecciones de 2027. El organismo dice sobre el mismo que “A pesar de su amplia cobertura, el sistema es fiscalmente insostenible, lo que refleja debilidades estructurales que debilitan los incentivos para contribuir, crean desigualdades y generan una presión fiscal constante”.



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