Mientras el frente en Ucrania se solidifica en un sangriento punto muerto, la trayectoria futura de la guerra se va definiendo en los cielos.

Esta guerra aérea es una contienda que lo abarca todo, desde unos pocos metros por encima de las líneas de árboles calcinadas hasta satélites en órbita terrestre baja. Su impacto físico queda grabado en el paisaje con el fuego que lanzan misiles y drones, aunque gran parte de la lucha permanece oculta, en la carrera por desplegar inteligencia artificial y controlar un amplio espectro de ondas de radio.

Ucrania está utilizando drones explosivos para atacar instalaciones petroleras rusas desde Siberia hasta San Petersburgo y puertos rusos desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro. Día tras día, los almacenes del mayor minorista en línea de Rusia arden en llamas, y Crimea, ocupada por Rusia, se sume en la oscuridad . Ucrania ataca a Rusia con mucha más frecuencia que al principio de la guerra, incluyendo ataques con misiles de crucero contra objetivos militares a cientos de kilómetros del frente.

Al mismo tiempo, Rusia está batiendo récords mensuales con sus propios ataques aéreos, aprovechando las deficiencias de las debilitadas defensas aéreas ucranianas con resultados letales.

En julio, Moscú lanzó al menos 126 misiles balísticos, la cifra más alta en tiempos de guerra, según un análisis del New York Times basado en datos de la Fuerza Aérea Ucraniana. Alrededor de 400 civiles murieron el mes pasado en los ataques rusos, que incluyeron misiles de crucero y drones, convirtiéndolo en el mes más mortífero desde abril de 2022.

Antes del amanecer del miércoles, al menos 17 personas más murieron en Kiev, la capital ucraniana, en un ataque que incluyó 24 misiles balísticos y cuatro misiles hipersónicos. Según la Fuerza Aérea Ucraniana, ninguno de esos misiles fue derribado.

Más allá del costo humano, los ataques rusos han obligado a Ucrania a suspender envíos vitales de cereales y acero desde sus puertos marítimos. Los ataques también han devastado una infraestructura ya maltrecha, lo que ha generado temores de que el país se enfrente a otro invierno con escasez de calefacción y electricidad.

El conflicto entre Rusia y Ucrania es, en esencia, dos guerras en una.

Una de las guerras se libra sin descanso entre soldados de infantería y operadores de drones desde escondites a lo largo de los 1287 kilómetros del frente. Rusia sigue intentando capturar territorio ucraniano, a costa de la vida de decenas de miles de soldados cada mes, y avanza lentamente en la región oriental del Donbás. Ucrania, por su parte, sigue defendiendo su territorio con un ejército inferior en número e intenta recuperar terreno donde puede, incluso en el sur.

La otra guerra llega en oleadas desde el cielo. Va dirigida contra ciudades lejanas y emplazamientos militares en ambos países, a menudo en la oscuridad de la noche, y se ha vuelto más letal tanto para ucranianos como para rusos.

Los objetivos de estos ataques aéreos van más allá de lo puramente militar. Kiev busca agravar el impacto económico del Kremlin, hacer que la guerra afecte directamente a los rusos y obligar al presidente Vladimir Putin a aceptar un alto el fuego en condiciones que él no imponga. Para Moscú, se trata de la continuación de una campaña que lleva años intentando minar la resistencia ucraniana y hacer que las ciudades sean inhabitables.

La batalla aérea se está intensificando a medida que ambos bandos producen armas cada vez más innovadoras y a mayor escala.

Ataques con misiles balísticos de Ucrania contra Rusia

Rusia está equipando drones económicos, inspirados en el Shahed iraní, con motores a reacción; lanzando una constelación de satélites para guiar sus armas; y desplegando misiles de crucero de bajo costo que cubren la brecha entre los drones de ataque lentos y los misiles estratégicos avanzados. Aviones de combate rusos disparan bombas planeadoras guiadas por satélite que arrasan sistemáticamente pueblos y ciudades.

Ucrania está desarrollando un arsenal en constante evolución de drones e híbridos de misiles y drones con sistemas avanzados de navegación y comunicación que les permiten atacar con mayor precisión en todo el territorio ruso. El presidente Volodímir Zelenski se ha comprometido a acelerar los ataques aéreos mientras Ucrania prueba sus primeros misiles balísticos de fabricación nacional.

Ambos países están utilizando nuevos métodos para resistir las interferencias electrónicas y empleando sistemas autónomos que dirigen las armas hacia sus objetivos sin intervención humana.

A medida que Rusia y Ucrania amplían sus arsenales ofensivos, sus defensas aéreas tienen dificultades para mantenerse al día.

Ucrania se enfrenta a una grave escasez de misiles interceptores Patriot de diseño estadounidense, la única defensa del país contra los misiles balísticos rusos.

Un bombero trabaja en el lugar de una zona residencial afectada por ataques con drones y misiles rusos, en la región de Lviv, Ucrania. Foto Reuters

Zelenski ha instruido a sus diplomáticos para que presionen con mayor ahínco a los aliados para que suministren más misiles Patriot. Sin embargo, la disminución de las reservas mundiales, consecuencia de la guerra en Irán, ha dificultado la tarea, y el presidente Trump ha dado marcha atrás en su promesa de permitir que Ucrania produzca misiles Patriot en los próximos años.

Para Rusia, uno de los principales desafíos es defender un vasto territorio que fue una ventaja en guerras pasadas, pero que ahora se ha convertido en una desventaja debido a la producción masiva de drones de ataque de largo alcance por parte de Ucrania. Al adaptar software, hardware y tácticas, Kiev ha abierto brechas en la que fuera la red de defensa aérea más robusta del mundo.

Anatolii Khrapchynskyi, oficial de la reserva de la Fuerza Aérea Ucraniana y analista militar, afirmó que antes de que los rusos lanzaran su invasión a gran escala en 2022, confiaban en la disuasión que les proporcionaba su arsenal nuclear. Según él, las defensas aéreas “solo podían cubrir alrededor del 40 por ciento de sus instalaciones militares estratégicas”.

Cuando la invasión se estancó y Rusia no logró establecer la superioridad aérea, los comandantes rusos se apresuraron a acercar sistemas defensivos como el Pantsir y el Tor a Ucrania. Si bien esto protegió la línea del frente, dejó sin protección a las bases militares y los centros industriales del interior de Rusia.

Según los analistas, ahora cada lanzador y sistema de radar destruido obliga a Moscú a elegir entre salvaguardar el frente o defender el interior del país.

«El desafío de Rusia es fundamentalmente geográfico», afirmó Justin Bronk, investigador sénior del Royal United Services Institute, un centro de estudios sobre seguridad con sede en Londres. «Cuando Ucrania obliga a Rusia a retirar sus sistemas del frente para proteger ciudades o refinerías en la retaguardia, se crean brechas por todas partes».

Si bien Rusia aún cuenta con una sólida protección aérea, la presión ha fracturado el escudo del país en defensas aisladas, lo que Ucrania está aprovechando con ataques tanto en el interior de Rusia como más cerca del frente para socavar la logística rusa.

El ataque a la refinería central de petróleo de Moscú en junio, que provocó una densa columna de humo negro sobre la capital rusa, demostró que incluso el principal bastión del Kremlin podía ser vulnerado.

Según los analistas, Kiev amplió recientemente sus objetivos para incluir los almacenes del mayor minorista en línea de Rusia, Wildberries, lo que obligó a Moscú a replantearse nuevamente la forma en que distribuye sus defensas.

Para tapar las brechas que van surgiendo, Rusia ha recurrido a soluciones provisionales como la instalación de baterías Pantsir en edificios altos para obtener un mejor campo de visión y el despliegue de buques de guerra para proteger regiones del norte como Murmansk.

Los comandantes ucranianos también señalaron un cambio en su propia doctrina. En lugar de esperar la aprobación centralizada, los pilotos están autorizados a desviarse de los objetivos de la misión planificada si detectan una oportunidad para atacar un objetivo prioritario, como un radar o un lanzador ruso.

Donde Ucrania no puede competir con Rusia es en su escala industrial. Moscú produce miles de drones de ataque estandarizados, señuelos y misiles de crucero. Los servicios de inteligencia ucranianos estiman que Rusia produce alrededor de 120 misiles balísticos al mes, superando la producción total de interceptores Patriot de Estados Unidos.

El arsenal ruso está siendo reforzado con misiles procedentes de Corea del Norte, según afirmaron funcionarios ucranianos, citando como prueba los restos recogidos tras un ataque perpetrado el jueves pasado en la ciudad central de Kryvyi Rih, en el que murió una familia de 10 personas.

Moscú también está desarrollando sus propios drones interceptores, que Ucrania ha utilizado con gran eficacia, y aún mantiene en servicio un número significativo de sofisticadas baterías de defensa aérea S-400 y S-300.

Fundamentalmente, el sector industrial de defensa de Rusia cuenta con el respaldo de cadenas de suministro que han resistido las sanciones, aprovechando la microelectrónica extranjera y la tecnología china de doble uso para adaptar rápidamente sus sistemas.

La estrategia de Rusia se basa en un cálculo frío: que puede agotar las defensas de Ucrania antes de que su propia red colapse.



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *