A pesar de haberse encontrado en un paisaje de ensueño, entre las bucólicas montañas del Blue Ridge, la reunión de ministros de Economía del G20 en Asheville culminó de forma tensa, con China negándose a firmar un documento de consenso al final de la reunión por diferencias sobre el libre comercio y el estrecho de Ormuz, y con un EE.UU. frustrado, que dejó asentada explícitamente la disidencia china.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anfitrión del encuentro en Carolina del Norte, buscó finalizar la reunión con un comunicado conjunto por consenso, que fue respaldado por 19 de los miembros, entre ellos la Argentina, que estuvo representada por Luis Caputo y Santiago Bausili.

Pero China se opuso a firmar el documento y entonces Estados Unidos terminó publicándolo como “Chair Statement” y dejó explícitamente asentada la disidencia china.

La reunión ya había comenzado tensa por la sorpresiva asistencia del ministro de Economía de Rusia, invitado por los anfitriones estadounidenses. Los países europeos y Canadá expresaron su consternación porque un funcionario del gobierno ruso asistiera por primera vez a este foro desde que Rusia invadió Ucrania en 2022.

La tensión con china fue por el intento de Bessent y la presidencia estadounidense del G20 de poner en el centro los enormes desequilibrios comerciales, y particularmente el modelo exportador chino. Bessent sostuvo que las economías “no de mercado” que generan una corriente permanente de exportaciones baratas están provocando desequilibrios insostenibles. Aunque el texto no nombraba directamente a China, estaba claramente dirigido a Beijing.

China objetó particularmente ciertos temas del documento y Bessent especificó cuáles eran.

–Estrecho de Ormuz: El texto impulsado por EE.UU. dice en su párrafo 4 que es esencial garantizar la navegación “libre, segura y predecible” por el estrecho de Ormuz, debido al impacto de las interrupciones del comercio energético sobre el crecimiento mundial. China, que es el principal comprador del petróleo que circula por ese estrecho, objetó expresamente ese párrafo, según el Tesoro. China comparte el interés práctico de reabrir Ormuz porque necesita que circule la energía del Golfo. Pero los analistas señalan que no quiso suscribir el lenguaje político que EE.UU. impulsó en el G20 en el contexto de su campaña de presión económica contra Irán.

–Superávits comerciales: el documento pide que los países con superávits externos “excesivos y persistentes” eliminen distorsiones que deprimen el consumo interno y generan una dependencia excesiva de las exportaciones. Sin nombrarla, es una referencia bastante transparente a China.

–Políticas “no de mercado”: los 19 apoyaron eliminar subsidios, prácticas y otras distorsiones que contribuyen a esos desequilibrios. China lo objetó.

–Minerales críticos: el documento pide evitar restricciones innecesarias a las exportaciones que alteren las cadenas globales. China ha utilizado restricciones sobre tierras raras y otros minerales estratégicos. De hecho, frenó su exportación a EE.UU. cuando Trump aplicó aranceles de más del 100% a productos chinos. Esta contraofensiva provocó la alarma en Washington.

–Deuda soberana: hubo diferencias sobre el mecanismo para las reestructuraciones y el papel de los acreedores. China es uno de los mayores acreedores bilaterales de países en desarrollo.

Después de la reunión, Bessent identificó a China como el único disidente y dijo que el hecho de que los otros 19 miembros estuvieran dispuestos a abordar el problema demostraba su magnitud.

Sin embargo, el viceministro de Finanzas chino, Liao Min, pidió al G20 defender el libre comercio y una globalización económica “inclusiva”, en lugar de responsabilizar a China por los desequilibrios.

Bessent identificó a China como el único disidente y dijo que el hecho de que los otros 19 miembros estuvieran dispuestos a abordar el problema demostraba su magnitud. Foto EFE

Bessent dijo que tenía razón cuando advirtió a otros socios comerciales el año pasado que aranceles más estrictos en EE. UU. provocarían una afluencia de productos chinos desviados hacia sus mercados. “Creemos que las economías no basadas en el mercado que impulsan un flujo interminable de exportaciones baratas no es sostenible”, declaró en una rueda de prensa. “Creo que el hecho de que 19 países quisieran abordar esto demuestra la enorme magnitud del problema”, dijo en una conferencia de prensa.

Señaló que los participantes, excepto China, coincidieron en que los países deberían eliminar las “políticas no de mercado” que agravan los desequilibrios. “En particular, los países con excedentes externos excesivos y persistentes deberían eliminar las distorsiones que limiten el consumo interno y que resulten en una dependencia excesiva de las exportaciones para su crecimiento”.

El enorme impulso exportador de China impacta en las economías de todo el mundo, especialmente porque Estados Unidos impuso fuertes aranceles a productos chinos y prohibiciones totales sobre algunos productos, como los vehículos chinos. Entonces Beijing redobló sus exportaciones de vehículos eléctricos, semiconductores y otros bienes a otros mercados, y sus exportaciones totales aumentaron un 23,9% en julio interanual, lo que ha causado preocupación en Europa que busca restricciones más estrictas a las importaciones chinas.

El comisario de Economía Europea, Valdis Dombrovskis, dijo en una rueda de prensa que China es una fuente importante de desequilibrios económicos, pero afirmó que tanto Estados Unidos como Europa también tienen un papel que desempeñar para equilibrar las cosas.

Kristalina Georgieva, directora general del Fondo Monetario Internacional, dijo a Reuters que creía que China reconocía la necesidad de actuar, pero que pedían una acción coordinada con otras potencias, como la reducción del creciente déficit fiscal de Estados Unidos, que contribuyen a una demanda excesiva de importaciones.

El ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, señaló que la guerra de Irán liderada por Estados Unidos e Israel, junto con las disputas arancelarias en curso, también eran causas importantes de incertidumbre que frena la economía global.

“La incertidumbre es un veneno para el crecimiento económico“, dijo. “Los conflictos arancelarios que persigue Estados Unidos, como la disputa actual con Canadá, destruyen la confianza”, señaló.



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