Así como la escalada en el precio internacional a principios de año le ayudó a sumar reservas, el desplome del oro en todo el mundo resta valor a uno de los activos en manos del Banco Central.
La pérdida contable de reservas por este derrumbe del metal orilla los US$ 2.800 millones en solo cinco meses. A fines de enero el oro alcanzó su precio máximo alrededor de los US$ 5.400 cada onza. Esta semana perforó los US$ 4.000, una caída del 25%, explicada por distintos factores.
Un cambio en el precio del oro es uno de los elementos que determinan, todos los días, cuánto variaron las reservas internacionales del BCRA, más allá de otras operaciones como compras de reservas, pagos de deuda, o el ingreso de divisas por préstamos, como los del FMI.
En general no suelen ser movimientos tan bruscos, aunque el sube y baja en los valores del metal precioso determinaron en buena medida el número total de reservas. Por caso, a fines de enero, cuando el Central recién había comenzado su programa de compra de dólares diario, el oro llegó a cotizar 5.400 dólares la onza.
El Central tiene en sus activos 1,98 millones de onzas troy, que las son unidades de medida de peso de metales preciosos, de 31,1 gramos cada una. En toneladas, son poco más de 61.
El incremento en esa valuación determinó, en aquel momento, que las tenencias de oro superaran los US$ 10.750 millones. Esa misma cantidad de onzas, esta semana, los US$ 7.920 millones.
Ahora bien, ¿por qué en cinco meses el oro se desplomó en esa proporción? Según análisis de mercado, coincidió que el dólar se fortaleció en todo el mundo como reserva de valor tras el comienzo de la guerra en Medio Oriente. Y también que la expectativa de mercado de un aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal.
Para Eric Ritondale, economista jefe de Puente, el derrumbe del precio del oro “se explica porque ha perdido su estatus tradicional de refugio ante crisis globales“. “Durante el ciclo alcista previo, una gran cantidad de participantes institucionales, corporativos e individuos se subieron a este trade, buscando cobertura ante el temor de una pérdida de valor de las monedas tradicionales”, aseguró.
“Si se consolida un escenario donde la Reserva Federal mantiene las tasas de interés, o incluso el mercado cree que puede subirlas, y la inflación global comienza a ceder, el fantasma de la devaluación sistémica de las monedas desarrolladas pierde fuerza, lo que le quita valor a la tesis del oro como cobertura”, concluyó Ritondale.
Los bancos centrales cuentan con distintas alternativas para administrar sus reservas de oro. Los lingotes pueden mantenerse físicamente en el país o depositarse en Londres. En este último caso, se habilita la posibilidad de obtener algún rendimiento financiero sobre esas tenencias.
Existen dos modalidades principales. Una consiste en conservar el oro “alocado”, es decir, resguardado en una especie de caja de seguridad propia de la Argentina. La otra es depositarlo junto con las reservas de otros países.
A partir de allí, el metal puede utilizarse en distintas operaciones, desde colocaciones similares a un plazo fijo hasta garantías para préstamos bilaterales o financiamiento otorgado por bancos internacionales.
Las operaciones del Banco Central con sus reservas de oro quedaron bajo escrutinio público desde 2024. En septiembre de ese año, la entidad informó que había realizado “transferencias de parte de sus reservas en oro entre sus diferentes cuentas”, aunque aclaró que esos movimientos no modificaron el volumen de oro físico que mantenía en su poder.
Sin embargo, la autoridad monetaria evitó en reiteradas oportunidades brindar precisiones sobre esas operaciones. La negativa se sostuvo tanto frente a pedidos de acceso a la información pública como ante consultas formuladas por legisladores a través de informes de la Jefatura de Gabinete.
De acuerdo con estadísticas del Consejo Mundial del Oro, las reservas argentinas registraron movimientos significativos en distintos momentos. En 2004 se concretó una compra de gran magnitud que respondió a la necesidad de recomponer activos luego del default de 2002. También hubo adquisiciones en 2009, 2020 y 2022, mientras que las ventas se registraron en 2016, 2017 y 2021.
Más allá de la mejora contable derivada del aumento del precio internacional del oro, ese efecto no contribuye al cumplimiento de las metas de acumulación de reservas pactadas con el FMI. Las ganancias asociadas a su cotización quedan excluidas de los cálculos que se evalúan en cada revisión técnica.
