El precio del petróleo Brent cayó a 68,5 dólares por barril, después de que a fines de abril trepara a US$ 120 / barril, lo que significa una caída de más de 65%.

Al mismo tiempo, el precio de la gasolina en Estados Unidos, tras alcanzar a 5 dólares por galón (= 3,8 litros de nafta) se derrumbó a US$ 2,18 / galón en los últimos 7 días.

En suma, EE.UU. estima que el libre juego de la oferta y la demanda debe colocar el precio del crudo en el mercado norteamericano en un nivel 30%/40% inferior a los actuales, debido a la sobreabundancia en el mercado mundial.

La semana pasada EE.UU firmó con Irán un “memorándum de entendimiento” que pone término a los enfrentamientos bélicos entre las 2 partes y sus aliados (en referencia a Israel y Hezbollah, respectivamente).

Esto significa que el derrumbe de los precios de los combustibles en EE.UU. es un acontecimiento central de la política norteamericana en vistas a las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre.

La guerra con Irán, debido a la clausura del Estrecho de Ormuz, provocó una doble crisis internacional: una crisis energética desatada por el aumento del precio del petróleo, que derivó en crisis alimentaria por la virtual interrupción del comercio mundial de fertilizantes.

Esta crisis alimentaria se manifestó por el auge del valor de los alimentos en el mercado internacional que fue de más de 30% en poco más de una semana.

EE.UU le impuso a Irán el fin de la guerra, a cambio de que la República Islámica entregara la totalidad del sistema de enriquecimiento de uranio, y cerrara todas las vías de acceso a la reconstrucción del aparato nuclear.

Esto se logró después de que EE.UU aplastó militarmente al régimen iraní, con total dominio de su espacio aéreo; y le ofreció a cambio levantar las sanciones comerciales, devolverle los capitales confiscados, y ayudarla a reconstruir, junto con los países petroleros del Golfo, un fondo de US$ 300.000 millones para facilitar la recuperación del país y su plena incorporación a la economía global más avanzada, todo esto sujeto a aprobación y supervisión constante por EE.UU.

El trasfondo de todo esto es que en este momento la economía mundial está siendo reestructurada en un Nuevo Orden Global fundado en el comercio y las inversiones con eje en EE.UU., que a su vez – y este es un dato absolutamente esencial – se ha aliado con China, mediante un diálogo estratégico que se realizó durante 8 meses entre Donald Trump y Xi Jinping.

La “Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.” de noviembre de 2025 señala que el continente prioritario para los intereses estratégicos de largo plazo de la superpotencia norteamericana es el Hemisferio Americano, desde Alaska a Tierra del Fuego; y que el aliado principal de EE.UU. y “Campeón Regional” de este espacio absolutamente prioritario lo ejerce la Argentina.

Lo que viene ahora es la etapa posterior al fin de la guerra con Irán, que consiste en establecer el posicionamiento de los distintos países y regiones en el Nuevo Orden Global orientado por EE.UU. y China.

Rusia es el primer caso a resolver; la Guerra de Ucrania se encuentra en su fase final, y los términos del “acuerdo de paz” lo tratará Trump directamente con Putin; y esta negociación, que ya ha comenzado a ponerse en marcha, se realizará sobre la base de dos premisas: una presencia geopolítica permanente de EE.UU. en Ucrania, debido a que el poderío norteamericano es el único que puede compensar a las fuerzas rusas, para evitar que avancen, luego de su evidente triunfo militar sobre Ucrania, ante el inmenso vacío de poder que se abre en el Continente Europeo.

Luego hay que abrir a Rusia su participación en el Nuevo Orden Global del comercio y las inversiones, centrado sobre todo en la explotación en conjunto del Mar Ártico y de las inmensas riquezas siberianas.

Conviene agregar, como nota a pie de página, que Trump ya ha anunciado su decisión de incorporar a Rusia y a China al G-7 el próximo año.

Europa como tal no tiene ningún papel protagónico en el Nuevo Orden Global. Su extremo debilitamiento es el resultado de una crisis civilizatoria que le ha restado hasta sus niveles más profundos su voluntad de poder.

El final vuelve siempre al principio, que es el asombroso renacer de EE.UU., un fenómeno de raíz estructural: más de 40% de la economía norteamericana (U$S 28 billones / 28% del PBI global) ya ha completado la 4° Revolución Industrial (digitalización completa de la manufactura y los servicios) a través del uso intensivo de la Inteligencia artificial.

Hay que señalar que aspira a cubrir el 100% en 2030 (cuando su PBI supere US$ 30 billones, o aún más) y esta fusión con la Inteligencia artificial que está realizando en pos de la 4° Revolución Industrial alcance a todos los sectores, actividades, y regiones, desde el turismo a los laboratorios científicos, pasando por el mundo académico y el Pentágono.

Estos son los grandes trazos, que para ser válido lo expuesto deben ser los principales, de una nueva época en la historia del mundo, centrada en la innovación, la creatividad, la tecnología y la integración mundial.



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