Luisa Inciarte, su esposo y pequeño hijo llevan cinco días durmiendo en su automóvil en el Parque del Este por temor a la repetición de los temblores. “Ha sido muy duro vivir en esta prolongada pesadilla”, dijo angustiada a Clarín por las perdidas económicas que causó el doble terremoto que asoló al país el miércoles pasado, día de San Juan.

Desde ese día Venezuela no ha parado de temblar. Se han registrado más de 432 réplicas, según informó Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y el pronóstico es que van a continuar los movimientos sísmicos en los próximos días con baja y moderada intensidad, como el de 5.1 y 4.5 que ocurrieron este lunes.

Luisa pertenece a esa clase media emprendedora que confía en que el país se pueda recuperar algún día después de tantas desgracias, una tras otra. Ella es profesora de la Universidad Central de Venezuela donde gana 10 dólares al mes: su sueldo es tan bajo que se ve obligada a tener dos y tres trabajos para poder mantener a su familia.

Su apartamento en Los Palos Grandes, una de las zonas más afectadas, presenta grietas y fisuras en las paredes y hasta que no sea inspeccionado y tenga el aval de habitabilidad de los ingenieros no podrá regresar a su vivienda.

“Tenemos mucho miedo, especialmente mi hijo, que vivió con horror el fuerte temblor. No olvida el rugido espantoso de la tierra”. Vivir provisionalmente en la calle le produce un sentimiento de desamparo y abandono terrible, que la ha marcado profundamente.

“Durante el terremoto salimos corriendo y me caí. Tuve un raspón en la rodilla, pero nada grave. Somos afortunados porque no hemos perdido la vivienda, que la podemos reparar algún día cuando tengamos dinero, pero en los otros edificios, que se desplomaron por completo, lo han perdido todo incluso la vida”, cuenta.

En la misma situación de Luisa y su familia se encuentran 15.866 damnificados durmiendo en la calle que han perdido su vivienda o se encuentra parcialmente dañada. El panorama es desolador. Refugios improvisados con carpas en las plazas o parques y escuelas se ven en cada rincón de la ciudad y en La Guaira donde la destrucción de las edificaciones ha sido masiva.

El balance oficial es de 1.719 muertos y 5.034 heridos. Se han desplomado unos 383 edificios residenciales, hay 13 hospitales afectados, 25 centros comerciales fracturados. En total hay 1.423 edificaciones afectadas.

Ante el miedo y la incertidumbre de la ciudadanía, la presidente encargada, Delcy Rodríguez, decidió mantener la suspensión de clases escolares por una semana más hasta el 5 de julio.

También anunció la creación inmediata de una comisión para inspeccionar las viviendas que sufrieron afectaciones por el doble terremoto del miércoles.

Precisó que el Ejecutivo busca coordinar un diagnóstico masivo en las zonas golpeadas, para mitigar riesgos ante potenciales réplicas.

Para agilizar el proceso de diagnóstico en las comunidades, los especialistas usarán como referencia los colores verde, amarillo y rojo de un semáforo para definir las condiciones de las casas y los apartamentos. El mecanismo técnico busca determinar si la vivienda está apta para seguir siendo ocupada por sus residentes. “La comisión presidencial está ya trabajando para verificar las condiciones de habitabilidad, si las personas pueden ya regresar a sus hogares”, expresó Rodríguez.

También hay planes para construir campamentos o refugios transitorios y obras nuevas en un corto plazo. Afirmó que el servicio del agua y electricidad en La Guaira se restituyó parcialmente entre un 70% y un 80% en el litoral. Pero todavía no ha anunciado la reanudación del gas en Caracas.

Después de la captura y extracción de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por la fuerza militar de EEUU, la economía de Venezuela, tutelada por Washington, parecía renacer y enfilarse bien en el proceso de las tres fases (estabilización, recuperación y transición). Pero entonces los terremotos la golpearon la semana pasada.

El gobierno venezolano tiene poca liquidez, y depende de la venta del petróleo que le envía a EEUU. Desde hace un mes luchaba por controlar la tasa de inflación más alta del mundo (600% en el 2025) ahora debe enfrentar la manera de organizar una enorme respuesta ante el desastre.

Las cifras catastróficas de las pérdidas económicas podrían oscilar entre menos de 10.000 millones de dólares y hasta 100.000 millones, según las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos.

Para poner estas estimaciones en contexto, si las pérdidas finales se sitúan en torno a los 10.000 millones de dólares, podrían suponer el 10 por ciento de la producción económica anual total de Venezuela.

El economista José Guerra recordó que Venezuela tiene en el FMI 10.300 millones de dólares por derechos especiales de giro y fondo de emergencia.



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