En el aeropuerto Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, una larga fila de personas con cajas, cajones, paquetes, bolsones, espera para poder despachar sus envíos en aviones que salen hacia La Paz. Son cargamentos de arroz, maíz, leche en polvo, harina o medicamentos para sus familiares, que desde hace días recorren en vano las tiendas vacías (o cerradas) para abastecerse, en una ciudad sitiada por los cortes de ruta que ya llevan más de tres semanas.

La Paz, sede del gobierno y del Poder Legislativo de Bolivia, parece vivir una relativa calma, tras la batalla campal del lunes, cuando manifestantes opositores, liderados por seguidores del ex presidente Evo Morales, chocaron con la policía en una jornada que terminó con decenas de heridos y más de 120 detenidos. Pero los bloqueos de rutas en reclamo de la renuncia del presidente Rodrigo Paz ahogan a la ciudad, donde los pobladores hacen largas filas o caminan kilómetros para conseguir algo de carne, pollo –alimento fundamental aquí- huevos o vegetales. Lo más grave se vive en los hospitales, donde ya no sólo escasean los medicamentos, sino el imprescindible oxígeno medicinal.

“El problema de la escasez de alimentos está afectando a los más pobres, y hay especulación”, detalla a Clarín la analista Jimena Costa, profesora de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Andres. “Por ejemplo un pollo que antes costaba 19 o 20 bolivianos por kilo (unos 2,80 dólares ), ahora cuesta 100 bolivianos (unos 14,80 dólares). La gente con menos recursos es la que más duro la pasa”, explica.

Los cortes de ruta ya llevan más de 20 días y se extienden no sólo a La Paz sino a otras regiones como Cochabamba.

En medio de un clima enrarecido, y cuando nadie sabe si la situación se está calmando o está por estallar en cualquier momento, Paz reiteró el miércoles que no tiene previsto renunciar y anunció la creación de una instancia de diálogo con todos los sectores. Ayer, como parte de ese intento, el presidente reemplazo al ministro de Trabajo Edgar Morales, muy criticado por el sector obrero, y lo reemplazó por Williams Bascopé, un abogado de origen aimara.

“Estaré cinco años para reordenar el país”, afirmó Paz en una conferencia de prensa en el Palacio de Gobierno. El mandatario conservador, asumió hace apenas seis meses, anunció la conformación del Consejo Económico Social para el próximo fin de semana, en el cual incluirá a todas “aquellas personas que quieran ser parte”, incluso los sectores movilizados. Sin embargo, aclaró que no sumará a los que promuevan la violencia.

El presidente Paz admitió que su gobierno “no ha estado gobernando para todos los sectores” y debe estar enfocado en “todos los bolivianos y bolivianas”.

La analista Jimena Costa cree que por ahora no está en riesgo el gobierno de Paz. Pero sí tiene que actuar rápido. “Rodrigo Paz no va a renunciar. Es lo mejor que nos puede pasar, porque un escenario de mayor incertidumbre política es lo que nadie quiere. Pero es una situación muy difícil para el gobierno. Paz tiene que tener claro que no tiene tiempo. El cambio de gabinete tiene que ser de manera inmediata, y que ese consejo esté funcionando para el fin de semana. El consejo no resuelve la crisis, pero va a canalizar las demandas”, señaló la experta a esta enviada.

Bolivia agotó ya el año pasado sus reservas de dólares para sostener una política de subsidios a los combustibles. Poco después de llegar al poder en noviembre, Paz los eliminó. El precio se duplicó y las estaciones de servicio empezaron a vender combustible contaminado que dañó miles de vehículos, lo que indignó a la gente, principalmente a los transportistas. La “gasolina basura”, la llamaron.

Sin un solo líder, el movimiento de protestas se amplificó en mayo con los maestros, obreros y mineros. Frente a una inflación que en 2025 fue del 20%, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) reclamó aumento salarial por el mismo porcentaje y los maestros una jubilación con su salario total.

La combativa COB no quedó conforme con el mensaje de Rodrigo Paz y convocó a una “gran marcha” para este jueves, pocas horas después de discurso del miércoles a la noche, en la que el mandatario anunció ajustes en su gabinete y la conformación de un Consejo Económico y Social para encarar el conflicto.

Desde la COB señalaron que las movilizaciones continuarán y ratificaron sus demandas contra el gobierno, además de cuestionar las medidas anunciadas por Paz.

Mucha de la gente que se está movilizando no sabe por qué lo está haciendo. Los dirigentes muchas veces obligan a la gente a movilizarse, bajo amenaza y sanción. No saben bien por qué, la única consigna es que renuncie Rodrigo Paz. Pero muchos ni siquiera quieren movilizarse. Este jueves la marcha partió desde la ciudad de El Alto hacia el centro paceño, en medio de un clima de alta tensión política y social marcado por bloqueos, protestas y enfrentamientos.

El gobierno de Paz culpa a Evo Morales de promover las protestas y al narcotráfico de financiarlas. Morales está atrincherado en su feudo cocalero en el centro de Bolivia, desde donde evade una orden de detención por el presunto abuso de una menor cuando era presidente. La pasada semana no se presentó al inicio del juicio por ese cargo, con lo cual sumó una declaratoria de rebeldía y una segunda orden de arresto.

La situación es altamente inestable y es difícil por ahora prever una resolución. El fin de semana, afirman algunos observadores aquí, será clave para poder vislumbrar algún tipo de resolución.



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