La suba del dólar de 6% en los últimos dos meses le sirve a la economía argentina para recuperar algo de competitividad por la vía del tipo de cambio (los bienes y servicios son 2,5% más baratos en términos reales frente a los principales socios comerciales), pero también aleja el sueño de Javier Milei de derrumbar rápidamente la inflación.

Con el dólar a $ 1.520, los precios de la nafta y el gasoil volvieron a quedar atrasados un 8%, según fuentes del sector petrolero. Los combustibles se venden en el mercado interno a un equivalente a 86 dólares por barril, aún por debajo del precio internacional del petróleo, que otra vez tocó los 100 dólares esta semana.

Así las cosas, cuando el crudo caiga a menos de US$ 86 -si hubiera una tregua duradera en la guerra entre Estados Unidos e Irán- las empresas nuevamente empezarán a recuperar el “amortiguador” (el dinero que no cobran por no subir ahora la nafta y el gasoil), por lo se demora más de lo previsto una baja de los combustibles, que podía aproximar temporalmente a la inflación a empezar con cero antes de fin de año.

Las consultoras privadas como LCG y EcoGo calculan que este mes la variación de los precios otra vez estaría en torno al 2% mensual.

Pero el aumento del dólar también complica otros objetivos macroeconómicos del Gobierno, como la caída de los subsidios energéticos.

El gas es el insumo central del sistema energético argentino, tanto porque llega a unos 9 millones de hogares a través de la red de distribución, a las industrias y porque llega a las centrales térmicas que generan más del 50% de la energía eléctrica. Es decir, su costo impacta sobre la producción de casi todos los bienes, el gasto de todas las familias conectadas a la red eléctrica y los subsidios que destina el Tesoro para solventar parte de las facturas de la mitad de la población.

Con mayores costos del Gas Natural Licuado (GNL) por la guerra y un dólar más caro, el Ministerio de Economía tendrá que destinar cada vez más pesos para saldar las cuentas con las generadoras eléctricas y las productoras de gas.

Durante este invierno el costo de la energía eléctrica para los hogares trepó a 112,10 dólares por megavatio-hora (MWh), el mayor valor desde que en 2022 estalló la guerra entre Rusia y Ucrania. Habitualmente en estos meses los costos eléctricos suelen rondar los US$ 95.

El Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet calcula que los usuarios pagan en promedio el 63% del costo de la electricidad y el 57% del gas, y el resto lo abona el Estado.

Hasta mediados de julio, los subsidios a la energía habían crecido un 30% interanual por encima de la inflación. Y en lo que va del mes, el Gobierno aprovechó una mejora transitoria en la recaudación tributaria para saldar unos 180 millones de dólares de deuda con las petroleras.



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