Los vuelos de drones rusos sobre sitios estratégicos de Europa occidental a finales del año pasado pueden tener ya una explicación. Un informe del International Institute of Strategic Studies (IISS, por sus siglas en inglés), un centro de estudios de inteligencia y geopolítica con sede en Londres, confirmó esta semana lo que los medios europeos sospechaban: buques de lo que Europa llama “la flota fantasma” rusa sirvieron para lanzar drones desde el Mar del Norte y el Báltico.

Los sobrevuelos, que durante unos días fueron muy repetidos y por decenas de aparatos, buscaban pasar por encima de sitios como centrales nucleares, bases militares o aeropuertos y bases aéreas. En algunos casos, como la base estadounidense de Kleine-Brogel, en Bélgica, es sabido que guarda en sus silos armamento nuclear estadounidense.

Los sobrevuelos se sucedieron durante días por Alemania, Países Bajos, Bélgica o Dinamarca. Muchos aeropuertos vieron alteradas sus operaciones y Bélgica llegó incluso a hacer despegar helicópteros de ataque para intentar atrapar los drones sin derribarlos.

Los buques que Europa llama “la flota fantasma” rusa no son buques militares, sino mercantes o pesqueros que navegan por el Báltico, el Canal de la Mancha y el Mar del Norte. Rusia empezó a usar ese tipo de barco para vender petróleo cuando Europa y Estados Unidos empezaron a ponerle sanciones, pero ahora los usa también para otras actividades, como este lanzamiento de drones o para estudiar el fondo marino donde se sabe que hay redes de gasoductos o cables de comunicaciones.

Esos buques viajan en muchas ocasiones sin trasponedor (el aparato que permite localizarlos vía satélite) y esconden sus actividades reales alegando que transportan mercancías civiles o que se dedican a la pesca o a la investigación oceanográfica.

Aquellas incursiones sirvieron a Europa, al menos, para saber que no estaba preparada para hacer frente a una amenaza así. Los radares o no detectaban esos aparatos, por su pequeño tamaño, porque volaban muy bajo y o incluso el radar llegaba a confundirlos con bandadas de pájaros.

Los europeos consideran, y el informe del IISS lo confirma, que los drones rusos buscaban sobre todo vigilar instalaciones militares y que Rusia usó esos lanzamientos para poner a prueba las defensas aéreas de los países de la OTAN. En total, el informe señala 144 avistamientos de drones entre finales de 2024 y principios de 2026, con una actividad muy intensa a finales de 2025.

Los expertos del IISS consideran que Rusia jugó a poner a prueba las defensas europeas sin pasar el umbral en el que los europeos hubieran activado el artículo 5 del tratado de la OTAN (el que compromete a la defensa mutua de sus 32 países miembros) y que para Europa fue “un fracaso estratégico” porque mostró que sus defensas aéreas no estaban preparadas para una amenaza así.

Si los drones hubieran sido de ataque o hubieran cargado armamento hubieran llegado igual a sobrevolar centrales nucleares, aeropuertos o bases militares. El personal de la torre de control del aeropuerto de Bruselas llegó a detectarlos a simple vista.

Los sistemas de defensa aérea europeos están diseñados para detectar e intentar derribar misiles supersónicos disparados desde el extranjero o aviones enemigos en sobrevuelo, no aparatos de un par de metros que vuelan a pocas decenas de metros de altura.

La OTAN nunca ha acusado directamente a Moscú de estas incursiones de drones, porque se pondría a sí misma en una situación difícil al deber responder. De los gobiernos que sufrieron esos sobrevuelos, sólo el sueco ha señalado directamente a Moscú. Lo hizo cuando detectó un dron militar ruso volando cerca de la costa sueca hacia un portaaviones francés que navegaba por el Báltico como parte de la misión de patrullaje de la OTAN en el Báltico.

El gobierno ruso dijo en mayo que no estaba detrás de esa campaña de lanzamiento de drones, pero ni el informe del IISS ni la diplomacia europea consultada por Clarín esta semana tiene ninguna duda al respecto. Todos los países a distancia suficiente para lanzar esos drones o con buques por la zona capaces de lanzarlos y alcanzar objetivos a más de 100 kilómetros tierra adentro eran rusos. Y todos los países del entorno son miembros de la OTAN excepto la militarmente neutral Irlanda.

El informe explica que Rusia podría estar buscando que los europeos, ante los sobrevuelos de drones, revelaran las posiciones de sus radares y las lagunas en su defensa aérea.

El informe cuenta un caso concreto que señala a Rusia. El 2 de diciembre del año pasado, un buque de nombre Vezhen, vinculado a Rusia y acusado de haber cortado un cable de comunicaciones en el Báltico, estuvo dando vueltas durante horas frente a la costa de Irlanda cuando en el país se encontraba el presidente ucraniano Volodimir Zelenski. A su lado había otro barco, con el trasponedor apagado. Justo en esos momentos el Ejército irlandés avistó cuatro grandes drones militares frente a la costa de Dublín, que llegaron a volar sobre un buque militar irlandés. Irlanda no intentó derribarlos.

El 3 de enero de 2025 Dinamarca detectó 20 drones militares cerca del puerto de Koge. Después de unos minutos desaparecieron rumbo a alta mar, hacia un buque bautizado Arctica. El 22 de septiembre de 2025 varios drones forzaron al cierre del aeropuerto de Copenhague. El Arctica estaba cerca. En 2025 Alemania detectó más de 1.000 drones no identificados volando sobre usinas de empresas de defensa y bases militares donde entrenaban soldados ucranianos. Francia los detectó sobre Île Longue, donde suele guardar sus submarinos nucleares.



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