La recesión del consumo interno sigue golpeando fuerte a los principales canales de comercialización del país, en un escenario donde las familias argentinas se ven obligadas a recalcular cada gasto. Según los datos oficiales publicados por el INDEC correspondientes a abril de 2026, las ventas en supermercados, centros de compras y autoservicios mayoristas volvieron a registrar marcadas caídas en la comparación interanual, consolidando un primer cuatrimestre en terreno negativo y reflejando el impacto de la pérdida del poder adquisitivo en el bolsillo de la población.

El derrumbe más pronunciado del mes se sintió en los shoppings, donde las operaciones a precios constantes se desplomaron un 5,9% respecto al mismo mes del año pasado. Este canal arrastra un deterioro que no para de profundizarse mes a mes, considerando que venía de una leve baja del 0,1% en enero, un retroceso del 2,1% en febrero y un drástico desplome del 13,3% en marzo.

El rubro, más volcado a bienes que no son de primera necesidad como indumentaria, calzado y electrodomésticos, acusa el impacto directo de los hogares recortando de cuajo los consumos prescindibles.

En las góndolas de los grandes supermercados la tendencia no fue muy distinta, evidenciando que el ajuste ya afecta de forma directa a la alimentación y los productos de limpieza. La facturación a precios constantes cayó un 3,7% interanual en abril, acumulando una contracción del 3,3% en los primeros cuatro meses del año en comparación con el mismo período de 2025.

Aunque el sector experimentó un levísimo alivio mensual con una mejora del 0,8% respecto a marzo, los números interanuales previos confirman la persistencia de la crisis, tras haber registrado bajas consecutivas del 1,2% en enero, 3,1% en febrero y 5,1% en marzo.

Por el lado de los autoservicios mayoristas, el canal que suele actuar como termómetro del desabastecimiento o del stockeo defensivo de los comercios de cercanía y de las propias familias, las ventas retrocedieron un 5% en la medición interanual de abril. En la comparación mensual contra marzo de este año, la actividad marcó una baja del 1,1%.

De esta manera, el sector dejó atrás el breve respiro que había tenido a comienzos de año -cuando anotó subas del 2,1% en diciembre y del 1,3% en enero- y cerró el acumulado enero-abril con una disminución total del 3,2% respecto a igual período del año anterior.

La crisis del consumo y la inflación también generaron la transformación en las formas de pago dentro de los salones de venta, donde el financiamiento se convirtió en la principal estrategia para patear los gastos hacia adelante. Las tarjetas de crédito lideraron cómodamente las transacciones, acaparando el 42,5% de las ventas totales de los supermercados con operaciones que sumaron un total de $ 1,02 billones, lo que representa una variación positiva del 11,5% respecto a abril de 2025.

En segundo lugar se ubicaron las tarjetas de débito, que concentraron el 25,1% del total facturado con desembolsos por 603.523 millones de pesos y un avance del 14,3% interanual. Por su parte, las compras efectuadas en efectivo quedaron relegadas al tercer puesto con un 17,3% del total ($ 414.464 millones), mostrando un aumento nominal del 36,8% frente a abril de 2025 que se ubica muy por debajo de la inflación real.

El dato más llamativo y que confirma el cambio de hábitos tecnológicos de los consumidores locales fue el fuerte avance de las billeteras virtuales y los pagos mediante código QR. Englobados por el organismo oficial dentro del rubro “otros medios de pago”, estas transacciones sumaron $ 361.474 millones , quedándose con el 15,1% de la torta total del consumo en supermercados y registrando un impactante salto del 57,8% contra el mismo mes del año anterior, consolidándose como la opción de mayor crecimiento en el sector comercial argentino.



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